En el rincón más apartado de su refugio en Sevilla, Andrés Roca Rey, torero peruano de apenas 28 años, se confiesa a corazón abierto en una entrevista al diario ABC. La sencillez de su espacio, rodeado de recuerdos, cabezas de toros y libros que son la memoria de su vida, contrasta con el brillo de su figura en los ruedos. Aunque en el mundo del toreo es un ídolo, en su casa, con la luz tenue del atardecer, se descubre un hombre profundamente humano, con una sensibilidad inusual para aquellos que se enfrentan al peligro cada tarde.
A lo largo de una conversación profunda, se van desvelando las aristas de este joven prodigio, desde sus miedos más íntimos hasta sus aspiraciones políticas y profesionales. Roca Rey, favorito de muchos y muchas, como Victoria Federica, es, en muchos aspectos, un reflejo de la modernidad del toreo: un diestro capaz de conectar con la juventud y al mismo tiempo, preservar la esencia de un arte que muchos temen desaparecer. Su historia no es solo de coraje ante el toro, sino también de reflexión, de filosofías y de un deseo constante por dejar una huella que vaya más allá del simple triunfo en las plazas.
“¿Ha visto ya la película?”, le preguntan los periodistas. La película, Tardes de Soledad, dirigida por Albert Serra, narra su vida y su carrera. Roca Rey la vio antes de su estreno, en una preestreno íntimo. “Estoy muy orgulloso”, comenta, pero rápidamente se hace humilde: “Como protagonista, no soy quién para decir si me ha gustado o no. Mi única misión fue abrir las puertas a un artista tan grande como Albert Serra, que eligió mi vida como fuente de inspiración”. En su respuesta, una honestidad que es rara en un mundo tan lleno de ego y apariencia.
La película, que aborda las entrañas del toreo y la complejidad del ser humano que lo practica, ha causado un revuelo considerable. Muchos la celebran como un retrato de la vida torera, mientras que otros la critican por no capturar adecuadamente la profesión del torero. Roca Rey, sin embargo, lo observa con los ojos de quien está comprometido con el arte, más que con la notoriedad. “Lo más importante es que se hable de los toros, que se hable de este arte. Aunque ya se hablaba antes, ahora se está haciendo con más fuerza”, explica, dejando entrever que, al final del día, lo que realmente le interesa es la supervivencia de la tauromaquia.
“No creo que esté mucho tiempo”
No obstante, la película no es el único tema que ocupa su mente. El torero está consciente de que su vida está siendo escrita en tiempo real y su lucha diaria no solo es contra el toro, sino contra los estigmas de la profesión. En el transcurso de la charla, la reflexión sobre su retiro se hace inevitable. “No creo que esté mucho tiempo. No sé si será el próximo año, dentro de dos, de cinco o de seis. Lo único que sé es que quiero vivir mi profesión con toda la intensidad del mundo”, comenta con una mirada serena, como quien ya ha alcanzado un equilibrio con la inevitabilidad del paso del tiempo.
La incertidumbre de la retirada no lo desmorona, como tampoco lo hace la presión que conlleva ser la estrella de la tauromaquia moderna. Para Roca Rey, la clave está en la autenticidad, esa fuerza que lo impulsa a torear por algo más que por dinero. “No toreo por dinero. Quiero cobrar lo que genero, pero no atraco a nadie”, responde tajante, marcando la diferencia entre aquellos que ven el toreo como un negocio y los que lo viven como una pasión. “Este año voy a torear la mitad, quiero prepararme, ofrecer espectáculo, pero no quiero caer en la rutina”, reflexiona, fiel a su estilo.
En su vida no todo es lucha y sacrificio. Roca Rey también se permite disfrutar de su tiempo en soledad, un espacio que antes temía pero que ahora abraza. “La soledad me ha enseñado mucho. Es necesaria. Cuando hay muchos opinando, no eres tú al cien por cien”, dice mientras describe su rutina diaria de entrenamiento, meditación y lectura. Su refugio en Gerena, el cortijo de ‘La Consentida’, es el lugar donde logra mantener la paz interior, rodeado de animales y de los recuerdos de una vida que no se limita a los ruedos, sino que se extiende a la naturaleza, la filosofía y la búsqueda constante de equilibrio.
Quizá por esta razón, la política también forma parte de su pensamiento.
“Yo elegiría a Ayuso”
Ante la pregunta sobre quién le gustaría ver como presidenta del Gobierno de España, Roca Rey no vacila: “Si me dan a elegir, por muchas razones, yo elegiría a Isabel Díaz Ayuso“, confiesa, dejando claro que sus inclinaciones políticas no están alineadas con las expectativas del sistema, pero sí con la necesidad de liderazgo firme y directo. “Soy correcto, pero no políticamente correcto”, remata, un ejemplo claro de su forma de pensar: sin adornos, directo al grano.
También tiene palabras para los políticos que no respetan la tauromaquia: “Todo el mundo tiene derecho a tener su postura, pero un ministro tiene que respetar la cultura. Hay políticos que no están preparados para su cargo”. En un gesto de rebeldía y respeto, Roca Rey lanza un mensaje claro sobre la importancia de la tradición y la cultura del toreo, especialmente en momentos en los que la tauromaquia es atacada desde diversos frentes.
Sin embargo, el torero no se limita a hablar de política, sino que también reflexiona sobre la evolución de la fiesta brava. En su reciente iniciativa, la corrida de la juventud en Illescas, busca crear una jornada que no solo celebre el toreo, sino que también eduque a los jóvenes sobre los valores intrínsecos de esta tradición. “El toreo es la vida misma: la muerte, la gloria, el fracaso, la sangre, la belleza, la pureza, la libertad, el respeto”, enumera con un fervor que trasciende las palabras, como quien habla de algo profundamente vivido.
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Para Roca Rey, el toreo es mucho más que un arte o un deporte. Es una escuela de vida, un campo en el que se aprenden los valores más fundamentales de la existencia humana. “El toreo es el resumen de lo que es la vida”, repite varias veces, como un mantra que encapsula su propia filosofía de vida. Sin embargo, sabe que la tauromaquia debe reinventarse si quiere sobrevivir. La juventud es su esperanza, y por ello, en la corrida de la juventud, su apuesta es clara: rejuvenecer los tendidos, implicar a los nuevos aficionados y mantener viva la llama de la tradición, mientras se busca el equilibrio con los tiempos modernos.
Al final de la entrevista que publica este domingo ABC, Roca Rey se despide como quien deja algo más que palabras en el aire. Su mirada es firme, su caminar sereno, como el de quien ha aprendido a ser torero pero también a ser hombre. Entre los ecos de la tauromaquia y el rugir de las plazas, queda claro: Roca Rey es mucho más que un torero, es un legado en construcción.