Manizales, la feria por excelencia de América abre sus puertas en la edición 71

por | Ene 4, 2026 | Manizales, La feria de los 71 años | 0 Comentarios

La primera feria tuvo lugar un domingo 23 de enero de 1955 con la primera corrida, ante los toros de Clara Sierra, los toreros José María Matorell y César Girón, completando el cartel el rejoneador Ángel Peralta, con un promedio de entrada de espectadores que superó los 13.000 aficionados por tarde y superando las expectativas, dio lugar a la organización de una segunda feria el año siguiente.

Oscar Hoyos Botero trajo directamente de Sevilla España, la idea de fundar la Feria de Manizales donde se incluyera la fiesta brava, quiso darle desde su inicio un sabor muy español, donde prácticamente se trasplantara la feria de Sevilla, con las carretas del rocío, el desfile de la virgen de la Macarena, trajes de manolas y también con el folclor de Andaluz, especialmente su música. Por eso los manizaleños aprendieron a tomar manzanilla, pochol, vino y brandy español, acompañados de conjuntos, orquestas, guitarristas, poetas y famosos, que brindaban un ambiente hispano que con el paso de los años se fue perdiendo, sin embargo las carretas del rocío, el paso doble manizaleño y la virgen de la Macarena, aún convocan al fervor popular de la feria, acompañada de una tradición que sigue arraigada a una cultura manizaleña que ha presenciado a grandes figuras mundiales del toreo, y que transmite de generación en generación una tradición taurina que permanece intacta.

Álvaro Domecq, a caballo, fue el lujoso preámbulo de la corrida. Con las banderillas en una mano, o en las dos, cortas o largas, se ganó las primeras ovaciones de la jornada. Y por si faltaba algo, al ver que se le escapaba el triunfo, echó pie a tierra y propinó un estoconazo que puso en sus manos la primera oreja de la mañana. Era poco el tiempo que separaba una corrida de la otra, pero no se podía perder la costumbre de llevarse los toreros a hombros, y así se hizo, hasta las mismas puertas del hotel y en medio del tráfico del mediodía.

Tres y media de la tarde…

Mientras los toreros se enfundaban otro vestido bordado, los aficionados invadieron los restaurantes y las tiendas de alrededor de la plaza. Era poco el tiempo para comer, pero suficiente para hablar de toros y toreros. Sobre todo, de ‘Palomo’ y de Gabriel de la Casa, porque eran ellos los señalados para llevarse la réplica de la Catedral. Mientras lo hacían, una ligera llovizna recordó el diluvio del día anterior y, entonces, más rápido se acabó el menú en los restaurantes y, de la misma forma, los aficionados se volvieron a meter a la plaza a la que ya había llegado Pepe Cáceres, el torero que no había estado en la mañana.

Gabriel de la Casa y ‘Palomo’ se movían por el patio de cuadrillas de un lado a otro. El de Linares sin dejar de mirar al cielo que seguía llorando. Manolo Cortés, quien llegó a debutar a Manizales siendo el triunfador de la feria de Sevilla, se paró frente a la pequeña capilla de la plaza, quizás pensando en la Catedral a la que también tenía opción, pues había cortado una oreja en la primera tarde. Pedro Domingo llegó sobre la hora, y apurado atravesó el portón que divide la calle del patio donde Álvaro Domecq esperaba la orden para encabezar el paseíllo.

‘Palomo’, ansioso, se fue dos pasos por delante de sus compañeros, pero se detuvo al llegar a las tablas, porque un minuto de silencio paró el corazón de todos. Por primera vez en la plaza se escuchó la triste melodía de Nini Rosso, que desde hace unos años recordaba las tragedias. Esta vez sonó para contar que mientras los toreros se iban a hombros, en la mañana, en Santa Marta, 36 personas habían perdido la vida cuando el bus en el que viajaban fue atravesado por un tren. ‘El Maletilla de Oro’, ya con más pelo que el mismo ‘Mechas’, también se fue por delante en la tarde al cortar dos orejas.

“El buen toreo, aunque en pequeñas dosis, volvió a poner la gente de pie. Luego, toques de personalidad y de alegría, devolvieron el manicomio a las graderías que rugieron casi tan duro como en la mañana”, escribió Castro Caycedo sobre ‘Palomo’. Gabriel de la Casa, con la Catedral entre ceja y ceja, “encontró una plaza cálida que no deliró tanto como con Palomo, porque toreó solamente al toro. Toreó para él, levantó la mano e igualó lo de Palomo. Dos orejas”, reseño El Ruedo.

La clase de Manolo Cortés se premió con una oreja, la entrega de Pedro Domingo con los gritos de ¡Colombia! ¡Colombia!, además de otra oreja que sumó en la tarde. Álvaro Domecq pagó las consecuencias del estado del piso y se llevó el susto del día, al caer con su caballo en la cara del toro. Pepe Cáceres no quiso quedarse atrás, regaló el sobrero, de Aguas Vivas, que con sus 365 kilos mostró porque había sido rechazado la tarde anterior.

El de Honda cortó la última oreja de la plomiza tarde, que a juicio de muchos fue mejor que la mañana, pero el público, cansado de ver toros y más toros, se fue apagando en su entrega. Doce orejas se cortaron durante el día, más la del toro de regalo. Y vueltas al ruedo dieron, en la mañana y en la tarde, Ernesto y Hernán Gutiérrez Arango, los ganaderos que anotaron sus nombres en los titulares del histórico día para la plaza de Manizales.

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Los toros y el toreo están en el ADN de los manizaleños; cuentan algunos historiadores que, a poco de la fundación del villorrio, 1849, ya surgían espontáneos que toreaban ganado criollo, validos de ruanas y muleras a modo de capote.

Manizales comenzó a prepararse para la celebración del centenario de su fundación desde 1945, y una de las obras primordiales en el listado que elaboró la clase dirigente de la época era la construcción de una plaza de toros.

Parecía imposible construir una mole de esa naturaleza en una ciudad de características geomorfológicas muy especiales, pero la audacia de ingenieros como Gustavo Robledo Isaza hicieron posible ese sueño, construyendo la única plaza en el mundo en la que el espectador cuando ingresa, desciende para encontrar su puesto. Del grupo de promotores de la Plaza de Toros de Manizales, merecen reconocimiento José Restrepo Restrepo, Pedro Jaramillo, Vicente Gutiérrez, Jesús María Bermúdez, quien cedió los terrenos, Antonio Pinzón, Benjamín Patiño Callejas, Laserna Hoyos Ltda., Alberto Gómez U., Rafael Villegas, Luis Carlos Valencia, Oscar Hoyos Botero, Ignacio González, Gustavo Vélez Arango, Pantaleón González, Roberto Cardona Arias y don Antonio Cuartas, quienes posteriormente cedieron sus acciones a la Cruz Roja. Por cierto, que la Cruz Roja de Manizales es la única en el mundo que es propietaria de una plaza de toros.

La ciudad siempre ha sentido una admiración especial por todo lo que tenga que ver con España, influida seguramente por los padres Agustinos que se establecieron a comienzos del siglo XX en Manizales, por la literatura, el cine y los toros, obviamente.

Durante las ‘primeras décadas del siglo XX funcionaron varios circos en Manizales, que era el nombre con el que se conocía el ruedo donde se lidiaban las faenas. Despuntaba el siglo XX y el Ejército decidió construir la Plaza de Toros El Soldado, donde actuaron figuras consagradas como la rejoneadora Conchita Citrón. César Rincón, cuando daba sus ‘primeros capotazos, actuó en esa mítica plaza, la única que posee el ejército colombiano en guarnición alguna.

Oscar Hoyos Botero era un entusiasta odontólogo nacido en Cartago, cuñado de Fernando Londoño y dirigente del fútbol, quien se propuso que la ciudad celebrara anualmente unas festividades que le dieran su propia identidad y le concedieran trascendencia nacional e internacional; viajó a Sevilla, España, con el periodista taurino Roberto Cardona Arias, y de allí vinieron con la idea de celebrar la Feria de Manizales. La primera edición se realizó en 1955.

La ciudad tuvo que aplazar dos años la celebración del Centenario, y una de las obras más atractivas fue la Plaza de Toros, la cual se inauguró con una temporada de primera categoría, 1951, en la que se incluyeron las principales figuras del toreo en aquella época, Era alcalde el Doctor Fernando Londoño y Londoño, líder principal de la construcción del cúmulo de obras del Centenario.

En ese momento nació la afición taurina de Manizales: La plaza tenía capacidad para 12.000 adicionados, que la colmaban cada vez que se ‘programaba algún festejo, hasta de toreo bufo con Mario Moreno, Cantinflas.

Por aquellas calendas sólo existía la Plaza de Toros La Santamaría en Bogotá; desde un comienzo la afición de Manizales dio muestras de su entendimiento frente al arte de los toros, y cualquier zapatero remendón podía explicar con propiedad las bondades de la fiesta brava, la naturaleza del toro de lidia y la historia del toreo en el mundo.

La Feria de Manizales nació con identidad propia, con reconocimientos por doquier, pero la columna vertebral de los festejos, desde sus inicios, ha sido la temporada taurina. Pero sin duda la elección de nuestra Luz Marina Zuluaga como Miss Universo, en Miami Beach en 1958, sirvió de detonante espectacular para disparar la popularidad y la importancia de la Feria de Manizales.

En la Monumental Plaza de Toros de Manizales han actuado las principales figuras del toreo mundial como El Viti, Antonio Ordoñez, Pasco Camino, El Cordobés, Palomo Linares, Ortega Cano, Ángel Teruel, Paquiirri, Curro Romero, Ortega Cano, El Juli, Enrique Ponce, los colombianos Pepe Cáceres, El Puno, Jairo Antonio Castro, Joselillo de Colombia, y los manizaleños  José Arcila, Perla Ruiz, Andrés de los Ríos, para no citar sino tres únicamente. Cómo olvidar un domingo histórico en el que se lidiaron dos corridas, una en la mañana y otra en la tarde, cuál de las dos más vistosa y espectacular.

La mayor parte de los aficionados de las primeras temporadas han fallecido, pero la fiesta ha tenido sucesor en la heredad, y hoy se aprecia en los tendidos un público joven y entusiasta, gracias a una espectacular política de mercadeo de la empresa Cormanizales, que garantiza no solamente la renovación de la afición, sino la asistencia multitudinaria al espectáculo.

La fiesta tiene hoy enemigos muy poderosos: los medioambientalistas son los principales. No se quiere entender que el toro de lidia nace para morir en un ruedo y que ese es su destino, que los toros mueven la economía en numerosos puntos de la geografía mundial, que es un derecho der las minorías, que está reconocido por la ley, los adversarios sólo aceptan que la fiesta se acabe.

Pasarán algunos años, tal vez pocos, pero los toros tienen fecha de vencimiento; seguramente Manizales será una de las últimas plazas en cerrarle las puertas a un espectáculo que hace parte de su cultura y de sus genes. Fotografía de Jaime Gómez I. Publicado en revista Opinamos.