
Un bello texto
Al Compañero de Mil Faenas…. Don Harold
Envejecer es un verbo que se templa y acude a la par de las despedidas.
Decirle adiós a los amigos, que con el tiempo y las convicciones compartidas
se vuelven la familia escogida, es un dolor profundo. Aceptar que avanza la
vida, como pasan los tercios en una tarde de toros, y eso nos obliga a decirle
adiós a las personas que han sido compañeros leales, entregados y
comprometidos, nos recuerda que el tiempo a nadie perdona y que vivimos
con la única certeza de que llegara la muerte.
Sin embargo, para despedirme de Harold Ronderos, mi amigo y el leal
compañero, quiero traer el toro de lidia que en cada tarde nos enseña con la
estocada final , que la muerte es el principio de la gloria y que con nuestros
muertos, por la fe con la que nos concibieron nuestras madres, nos une la
esperanza de volvernos a encontrar.
La muerte de Harold se parece a lo que ocurre cuando se quema
accidentalmente una biblioteca, no solamente se pierde el libro, sino las
vidas de sus personajes, su autor y los ojos que lo han leído.
Con Harold enterramos un profundo conocimiento de España, de su cultura y
sus tradiciones, de su historia sobre la incorporación en Colombia, y un
batallador incansable por esa consigna que nos une y seguirá tejiéndose con
nuestro envejecer: la libertad.
Harold recogió sus conocimientos, expansivos como una biblioteca, en
silencio, con prudencia y siempre estuvo atento, a demostrar y enriquecer la
conversaciones, a petición del foro, fuera grande o pequeño, en el patio de
caballos, en el callejón, en los condumios y remates taurinos, en la Gran
Giralda, en el Concejo de Bogotá, en el Senado de la República y en la Corte
Constitucional.
Jamás alardeo, jamás se ufanó. Harold era un conocedor como pocos de la
fiesta brava, de sus entretelas, de la forma en que se debe torear, de las
maneras como hay que desempeñarse para organizar y hacer exitosas las
tardes de toros. De lo que he aprendido sobre la tauromaquia, mucho lo
asimile en tantas charlas, discusiones y encuentros fraternales que siempre y
por siempre, sostuve con Harold, contigo HAROLD
Mas allá de su conocimiento, le encargamos innumerables tardes una tarea
difícil: repartirnos a los toreros, personalidades, curiosos, familia y amigos.
Siempre oportuno, discreto, cuido las puertas de entrada a la fiesta.
Nos acompañó en los éxitos, y qué decir en la persecución y la opresión,
siempre al pie de la faena, estuvo conmigo leal y oportuno. Y qué felicidad
cuando después de 1779 días de éxodo taurino reabrimos la Santa Maria
conservo aún el abrazo fraterno que durará la eternidad de la compleja
libertad.
Su muerte súbita me acongoja y con el paso de los días crecerá el vacío. Para
hablar de Harold, el amigo solitario quiero traer las palabras de Octavio Paz:
“todos los hombres, en algún momento de su vida, se sienten solos, y es
mas, todos los hombres, están solos. Vivir es separarse del que fuimos para
internarnos en el que vamos a ser, futuro extraño siempre. La soledad es el
fondo último de la condición humana “.
Harold con tus distancias, tu discreción y tu silencio siempre me
acompañaste, espero haber sido capaz de demostrarte mi afecto y mi
amistad. Nos volveremos a ver amigo, en la otra vida, donde la libertad del
alma camina, al amparo de Dios Padre , de forma despacio y tranquila.
En este sentimiento de Soledad por tu Ausencia, solo con tan nuestra
tristeza familiar, evoco en la grandeza de tu partida , Harold , un párrafo de
los Heraldos Negros de César Vallejo:
Hay Golpes en la vida tan fuertes….Yo no sé!
Golpes como del Odio de Dios, como si ante ello,
La resaca de lo sufrido
Se empozara en el Alma…Yo no se!!
Son Pocos, pero son…abren Zanjas Oscuras
En el rostro mas fiero y en el Lomo mas fuerte.
Serán tal vez los Potros de Bárbaros Atilas
o los Heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
De alguna fe adorable que el destino blasfema.
Esos golpes sangrientos con las crepitaciones
De algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… Pobre…¡POBRE! Vuelve los ojos, como
Cuando por sobre el hombro nos llama una Palmada;
Vuelo en los ojos locos y todo lo vivido
Se empoza , como charco de culpa, en la mirada.
Hay Golpes en la vida, tan fuertes….. Yo no sé!!
BUEN VIAJE HAROLD Y LLEVATE EN LA PAZ DE TU RECUERDO LA MÚSICA DE
NUESTRO PASO DOBLE NERVA






