Soledad y responsabilidad. Anàlisis de la actuaciòn de Juan de Castilla en Madrid por la ONG Joselito El Gallo

por | May 22, 2026 | Toreros colombianos en España | 0 Comentarios

A mi entender, la actuación de Juan de Castilla ayer dejó una lectura tan humana como inevitable: no pudo aprovechar la oportunidad que tenía delante. Y no porque le falte capacidad —eso ya lo ha demostrado con creces— sino porque todavía no está plenamente recuperado del percance sufrido en Colombia a principios de año. Su cuerpo aún no está al cien por cien, y eso condiciona cualquier tarde, y mucho más si es en Las Ventas y con un hierro como Saltillo, por mucha voluntad que uno tenga.
Lo que ocurrió no fue un fallo técnico ni una falta de ambición. Fue, sencillamente, el efecto de algo más profundo: la ansiedad que genera la responsabilidad que hoy carga sobre sus hombros. La responsabilidad de ser, en la actualidad, el torero más visible de Colombia, el único con capacidad real de intentar reconducir la situación del sector en su país.

Juan de Castilla siente que debe triunfar cuanto antes, no solo por él, sino también por lo que representa en estos momentos para la tauromaquia colombiana y, por qué no decirlo, para la tauromaquia universal. Porque reconducir la situación en su país es también reconducir la tauromaquia en el mundo, ya que Colombia es hoy uno de los frentes más sensibles, más expuestos y más determinantes para el futuro global de la Fiesta.

A esto se suma un contexto político decisivo, con unas elecciones a la vuelta de la esquina que pueden marcar el rumbo de la tauromaquia en Colombia. Cada tarde pesa. Cada triunfo importa. Cada silencio duele. Y esa urgencia —la de responder ya, la de no fallar— es una trampa emocional que puede llevar a precipitar decisiones que el cuerpo aún no está preparado para sostener.

Por eso lo de ayer no fue un torero superado por la situación, sino un torero superado por la responsabilidad. Una responsabilidad que debería estar más repartida, más acompañada, más respaldada. Pero no lo está.

Porque Juan de Castilla avanza en soledad y con responsabilidad a partes iguales.
Soledad, porque el sistema taurino nacional e internacional —encorsetado en inercias, egoísmos y viejas estructuras— no termina de entender quién necesita apoyo de verdad.

Y esa soledad se agrava cuando uno observa la reacción —o la inacción— de quienes deberían estar a su lado.

Los públicos y aficionados, lejos de comprender el momento que atraviesa, se muestran indiferentes, fríos o incluso injustamente críticos, como si no entendieran que no todos los toreros llegan a Madrid con el mismo respaldo, ni con el mismo peso histórico sobre la espalda.

Y más grave aún es el silencio de las mal llamadas figuras del toreo, que podrían hacer mucho más por la tauromaquia en general y, especialmente ahora, por Colombia. La pregunta es tan simple como incómoda:

¿Les costaría tanto incluir a Juan de Castilla en algunos de sus carteles para darle visibilidad?

¿No sería más útil —para él, para Colombia y para la propia tauromaquia— tenderle la mano en plazas de responsabilidad, en ferias de verdad, en carteles donde se reparten oportunidades y no solo miedos y cornadas?

Porque dejarle navegar solo en corridas duras, donde el triunfo es casi una quimera y el reconocimiento un milagro, no es ayudarle. No es apoyar a Colombia. No es defender la tauromaquia. Es, simplemente, mirar hacia otro lado. Y quizá convenga recordar algo que muchos parecen haber olvidado: si Perú es hoy el único país del mundo donde se construyen nuevas plazas de toros, es porque tiene un ídolo.
Porque un ídolo genera afición, moviliza, une, sostiene y legitima.

Cuantos más ídolos tenga un país, más fuerte será su tauromaquia.
Y conviene hacerse una última pregunta, tan directa como reveladora:


¿Alguien cree que, cuando César Rincón estaba en la cima del toreo, alguna ideología política se habría atrevido a intentar quitar los toros en Colombia?


La respuesta, por sí sola, explica la dimensión del problema.
Y también la magnitud de la soledad que hoy carga Juan de Castilla.