El pintor taurino Pedro Escacena Barea falleció este lunes, 28 de septiembre de 2026, en Tomares, según ha comunicado su familia. Nacido en Sevilla el 19 de noviembre de 1931, Escacena creció en La Macarena y llegó a participar en novilladas sin caballos en 1954. Después abandonó la idea de ser torero y estudió dibujo y pintura en la Escuela Superior de Artes y Oficios de Sevilla.
El óleo sobre lienzo fue el soporte predominante de su obra, aunque también cultivó el dibujo y la acuarela. Su mujer, Aurora Gutiérrez, con quien contrajo matrimonio en 1960, fue modelo en más de una treintena de pinturas. Entre sus carteles figura Trincherazo de Curro, creado para la corrida celebrada en Pozoblanco en septiembre de 1984, en la que sufrió la cogida mortal Francisco Rivera Paquirri. También ilustró anuncios de la temporada y la feria de la Real Maestranza de Sevilla en 1985, 1986, 1987 y 1989, además del cartel de San Isidro de 1985 y el de la reaparición de José Tomás en Barcelona en 2007.
El lenguaje plástico de Escacena, al margen de las modas de vanguardia o las tendencias predominantes en cada época, se distinguió por una impronta de marcada definición. Con un trazo de aire fotográfico, matices cercanos al estilo “naïf” y una paleta de colores intensos, sus representaciones de lances y muletazos terminaron convertidas en estampas familiares para el público general, más allá de los puros círculos de aficionados.
La personalísima pintura de Escacena capta ya no sólo la majestuosidad del arte de torear, sino también el sentir, y la expresión de la figura, viéndose envuelta en ese infinito elenco de colores y tonalidades, que nos muestra hasta los más recónditos recovecos de su ser como si de un acto de confesión se tratase. La amargura de «Curro», reflejo de una mala tarde del maestro y el contraste que supone la apoteósica faena donde plasma el dominio artístico, el temple y, en definitiva, el sentir de un torero, son muestras de la capacidad expresiva de Escacena.

Sus cuadros han pasado a formar parte de importantes colecciones privadas, tanto nacionales como extranjeras, siendo además autor de numerosos carteles taurinos. Entre las obras más importantes, y ya históricas, que salieron de sus manos para conmemorar grandes acontecimientos, o simplemente para anunciar importantes ferias, están: los carteles de la Feria de San Isidro de Madrid (1985), los de Sevilla desde 1984 hasta la actualidad, y el gran acontecimiento que supuso la despedida del maestro Antonio Chenel «Antoñete».










