Urtasun es catalán y se declara ecologista, antitaurino y futbolero … Pero es el ministro de cultura y como tal su cartera define el programa de la celebración del centenario del nacimiento de la llamada generación del 27 de ilustres como García Lorca, Dalí, Alberti. Pero el ministro » olvidó » mencionar a quien fue el artífice de ese encuentro de intelectuales en Sevilla que hoy honra a las artes y letras.
Claro, le llovieron críticas fundadas y hace una horas tuvo que rectificar y decir que no pretendía desconocer y que aún faltaban detalles para emitir el programa final de conmemoración en dos años de tan celebrado suceso.
Como bien dice El Diario de Sevilla el 17 de diciembre de 1927. La fotografía de un grupo de jóvenes poetas en salón de actos de la Real Sociedad Económica de Amigos del País tomada por Pepín Bello daba carta de naturaleza a una generación literaria. Habían sido convocados por el Ateneo de Sevilla para conmemorar el III centenario de Luis de Góngora pero detrás de la llamada de la Docta Casa latían los oficios de Ignacio Sánchez Mejías, definitivo nexo de aquel grupo de creadores por más que el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, haya vuelto a mostrar su faz más sectaria cancelando su nombre en la presentación de la comisión del Centenario de la Generación del 27.

La historia recoge la trascendencia de las sesiones académicas que sirvieron para apuntalar el espíritu generacional de aquel grupo pero siempre ha pasado de puntillas sobre la juerga cósmica que Ignacio, definitivo aglutinador de la panda, les procuró. Además de escritores e intelectuales, eran rabiosamente jóvenes y aquella tropa variopinta culminó sus andanzas con una fiesta en Pino Montano en la que no faltó el cante, disfraces exóticos y hasta una excursión al manicomio de Miraflores, excitados por la experiencia del psicoanálisis que se encontraba en pleno auge. El médico de guardia en aquella noche lluviosa era otro poeta, José María Romero Martínez, ateneísta que tuvo mucho que ver en la convocatoria. No faltaron otras andanzas como una extraña excursión nocturna por el Guadalquivir que aterrorizó a Lorca.
“Aunque el Ateneo era quien nos llevaba, en todos nosotros había el sentimiento de ser únicamente Ignacio Sánchez Mejías, gran matador de toros amigo, el que, dado su entusiasmo creciente por la literatura, nos trasladaba de las pobres orillas del Manzanares madrileño a las floridas del Guadalquivir, declararía Lorca. Dámaso Alonso incidió en esa premisa. “Mi idea de generación poética a la que pertenezco va unida a esa excursión sevillana, que pudo salir bien gracias al cariño y la esplendidez de Ignacio”.








