El expresidente Alvaro Uribe Vélez publicó un mensaje en el que reveló la condición de salud de don German Vargas Lleras.
Mis mayores deseos por la salud del dr Germán Vargas Lleras, patriota superior que reconozco con desacuerdos de coyunturas
Asi que elevamos una oración por su restablecimiento.
Don Germán fue un habitual en la plaza de toros De Santamaría y compartimos muchas tardes. Su hermano Enrique hizo parte de la empresa Corporación Taurina de Bogotá con don Felipe Negret y Juan Bernardo Caicedo.
Su abuelo, don Carlos Lleras estaba en la plaza de Las Venas el día de la luminosa tarde de Antoñete con el que pasó a la historia como el toro blanco de Osborne. El dr Lleras era en ese momento presidente electo de Colombia.
El 15 de mayo de 1966, festividad de San Isidro, Antonio Chenel “Antoñete” cuajó en Las Ventas su faena consagratoria al famoso “toro blanco” de Osborne. El animal, de nombre Atrevido y de llamativo pelo ensabanado alunarado y botinero, permitió al maestro del mechón blanco plasmar una de sus grandes obras en la plaza de su querida tierra. Cortó una oreja por pinchar, pero su labor de aquel día le cambió la vida para siempre.
Antonio Díaz-Cañabate, desde su tribuna del diario ABC, escribió al respecto: “Este Antoñete está superior, está por encima del toro. ¡Chico, qué manera de torear! ¿No se te cae la baba de admiración? A mí, sí. ¡Ves tú! Esto es diferente, esto no tiene nada que ver con lo que vemos todos los días, con lo adocenado, con lo trivial, con lo grotesco”, escribía el crítico simulando una conversación ficticia con “Isidrín”, una representación humanizada de la Feria de San Isidro. “No es un toreo de ayer, ni de hoy, sino de siempre”, añadía.

El cartel lo abrió Fermín Bohórquez con un utrero de su ganadería y lo completaban, en este orden, el propio Chenel, Fermín Murillo y Victoriano Valencia. La plaza estaba llena por completo en el día del Santo Patrón. “Vamos a ver el toro ese que dicen que es blanco. ¡Qué cosas! ¡Un toro blanco! ¡Ahí está! No me gusta. Yo creía que era otra cosa, un toro bonito. Pero la gente es muy novelera”, relata en la conversación ficticia sobre Atrevido, que pesó 486 kilos e hizo una discreta pelea en varas. “Mira esos apuntes de verónicas. No está mal; cortitos, pero finos, suaves”, describe sobre el toreo de capa de Chenel. Luego, con la muleta, subraya: “Eso es torear sencillamente, con la sencillez de la elegancia, de lo delicado, de lo fino, de lo sutil”, añadía el crítico acerca de la faena estrella de una corrida en la que, por otro lado, estuvieron presentes el general Franco y el entonces presidente de Nicaragua, René Schick Gutiérrez.







