Día: 1 de abril de 2025

Alcalino proclama ante el prohibicionismo e invita a los taurinos a todo menos a rendirnos

Ante el golpe bajo y con visos de definitividad que la política sin brújula le asestó a la
Fiesta en la capital las reacciones han sido de tres tipos: furia desencadenada (aunque de
corta duración), pasmo y resignación, o, por último, búsqueda de alternativas viables para
tratar de revertir la cancelación arbitraria de cinco siglos de tauromaquia en México.


Lo que sigue es una conversación sobre todo eso que involucra a tres leales aficionados:


Taurino 1 (T 1), Taurino 2 (T 2) y Taurina (Ta). Escuchémoslos con atención.


T 1: Bueno, ya nos metieron todo el estoque.


T 2: Hasta la empuñadura… Nada más falta la puntilla: que se haga ley federal la muerte
del toreo, del toro de lidia, de lo que queda de la afición mexicana…


Ta: No estoy para nada de acuerdo. Que falta de casta, por Dios. Y se dicen aficionados…


T 1: Momento, yo voy a los toros desde niño. Pregúntenme a qué toreros vi: mexicanos,

españoles, franceses, portugueses, sudamericanos… de Manolo para acá…


T 2: Yo empecé a ir cuando estudiaba en el Poli, me engancharon unos compañeros. Luego
me sumé a la Porra de Ingenieros, éramos docenas, con lugar propio en la México y toda
la cosa. Varios, los más lanudos, viajaban cada San Isidro a apoyar a nuestros toreros.


Ta: ¿Y con todo ese bagaje se están dando por muertos? ¿Pues qué clase de afición es la
suya? Yo me hice aficionada por un novio que tuve y que no se perdía una. Me llevó casi a
la fuerza y desde el primer día quedé deslumbrada, enferma perdida. Nuestro noviazgo no
duró mucho, pero mi afición era para siempre. Convertí sin problemas a mi esposo,
aunque de mis dos hijos solamente al más chico le prendió la vacuna. A sus diez años se la
pasa dibujando toritos en sus cuadernos.


T 2: Tú eres sicóloga, dinos: ¿qué tan perjudicial para la mente de un niño es llevarlo a los
toros? Porque ese es uno de los argumentos de los antis, muchos de ellos insisten en que
se debe prohibir la asistencia a las corridas de menores de edad.


Ta: Esas son monsergas sin ninguna base científica. Nada más véanse ustedes mismos, o
pregúntense cuantos aficionados que conozcan pueden ser acusados de crueles o
violentos. Alguno habrá con pulsiones de ese tipo, pero yo les puedo asegurar que
sicópatas, sociópatas, narcisistas, mitómanos y sádicos se encuentran a montones en los
estadios deportivos, en los centros laborales, hasta en las congregaciones religiosas, por
no hablar de funcionarios gubernamentales. A más de uno lo traté profesionalmente…


T 2: Lo que pasa es que se está usando la ciencia como instrumento para atacar a la Fiesta.


Ta: Es puro oportunismo. Porque la ciencia indaga por sistema sobre porciones concretas
de la realidad, y la incomprensión –la característica más destacada de los taurófobos–
jamás sirvió para revelar la verdad acerca de nada. Al contrario: la oculta, la distorsiona.

T 2: Y cuando se les menciona el tema de los toros en el arte pasa lo mismo. El otro día, un
caricaturista alegaba que Goya pintó tauromaquias pero también escenas de la guerra,
queriendo dar a entender que tan horrible una cosa como la otra. Y nadie se atrevió a
aclararle lo obvio: que la pintura –como la literatura, la escultura, la música, la danza, la
poesía…– han abordado ambos temas pero desde perspectivas completamente opuestas.
La guerra, para abominar de ella como el flagelo de la humanidad que es; el toreo, para
exaltar su belleza, honrar a sus protagonistas, mostrarlo como una más de las bellas artes.


T 1: Hablando de moneros, hubo otro que se burló del rechazo que el engendro ese de
corrida incruenta ha suscitado entre los taurinos. “Lo que les gusta a esos degenerados es
ver correr la sangre –decía–… Pues que les pongan gradas en los rastros y listo”.


T 2: Lo chistosito no quita lo tontuelo.


Ta: Es que la falta de empatía ciega. Y el odio ciego engendra fanatismos, que son el
camino más directo para distorsionar la realidad y deshumanizar al diferente. Actitudes así
anulan toda posibilidad de diálogo.


T 2: A la jefa de gobierno le encanta fotografiarse apapachando perros y gatos. Pero más
grave fue que se erigiera en jueza de cinco siglos de tauromaquia en México para salir con
su decreto de corridas libres de violencia, y encima piense que creó el invento del siglo
¿Tú como calificarías a una persona que firma un reglamento tan absurdo como ese?


Ta: Cuando se tiene tanto poder hay que poner mucha atención para no dejar de tocar
piso ni ceder a la tentación de la omnipotencia; no creerse que, puesto que mucho se
puede, de todo se sabe. Puede ser un caso de autoengaño no patológico, aunque habría
que explorarlo más de cerca. La soberbia, la arrogancia, son muy malas consejeras.


T 1: ¿O sea que…?


Ta: Creo que se dejó ganar por la prepotencia y quiso ponerse creativa: visualizó la cultura
taurina como algo muy menor, un juguete viejo, y creyó que podía meterle mano
impunemente, que la ley sobre bienestar animal le daba la cobertura necesaria. Pero la
verdad es que su decreto es una muestra de ignorancia e irresponsabilidad. La señora está
evidenciado supremacismo moral y un extraño gusto por la censura, lo cual es muy grave.
Agréguenle que, en política, cuando se enfrentan tantos problemas reales sin encontrarles
solución conviene inventarse uno que por decreto, mágicamente, se resuelva solo.


T 2: Dices que hay que luchar por nuestra Fiesta. ¿Cómo? ¿Qué sugieres al respecto?
Porque los taurinos estamos en minoría y tenemos encima una avalancha de censores.


Ta: Toca actuar a cada quien desde su trinchera con más ardor que nunca. Los toreros
como gremio –¿todavía existen sus uniones y asociaciones o las exterminó por completo
Herrerías?… Habría que revivirlas…–; los aficionados desde peñas y grupos para entrarle
sin miedo a la autocrítica y dedicarnos a la divulgación de la cultura taurina, tan olvidada,

programando mesas redondas, conferencias, exposiciones, exhibiciones de películas y
videos. La prensa volviendo a difundir no sólo las notas del día sino la historia del toreo –la
de nuestro país es riquísima–, la de cada época, plaza, región, con sus corridas
memorables y sus anécdotas, tragedias, héroes y figuras ¿Qué sabe el público de hoy de
siglos de tauromaquia? Es hora de que la historia y la cultura taurina vuelvan a ser tema.
T 1: Se abandonó también la televisión. Otro error garrafal…


Ta: Pues habrá que agarrar a ese toro por los cuernos. Comprar espacios en horarios
adecuados, no de madrugada. Pero eso ya no nos toca a nosotros, ojalá aflojaran su lana
algunos de esos magnates que se la gastan recorriendo mundo y presentándose cada año
en la feria de Sevilla, en San Isidro, por aquí y por allá. Es hora de que demuestren su amor
por la Fiesta y hagan algo por los aficionados de su país.


T 2: ¡Uy! Pero esas finísimas personas muy generosas no son y, en el fondo, México es lo
que menos les importa, con o sin fiesta de toros… Y hablando de gente así, se nos están
olvidando los ganaderos y los empresarios, dos actores fundamentales.


T 1: Si la afición se fue alejando de las plazas fue porque cojearon, sobre todo, esas dos
patas de la mesa. Yo no recuerdo haber oído a un solo ganadero que haya reconocido la
pérdida de casta y bravura del toro mexicano, siendo que precisamente a eso se debió el
alejamiento del público, cansado de la monotonía y la falta de interés de las corridas. Y de
los empresarios mejor ni hablar.


T 2: Las empresas monopólicas son las que descuidaron el cultivo del talento nacional para
refugiarse en unos cuantos figurines extranjeros, centrando en ellos su publicidad y
reservándoles toritos a modo que son la negación de la emoción y la bravura.


T 1: Pero fuera del circuito “grande” todavía sobreviven empresarios provincianos que
exponen su dinerito y hacen lo que pueden por mantener vivas sus ferias regionales.


T 2: Tú sabes mejor que yo que en esos festejos el reglamento es letra muerta y la fiesta
con mucha frecuencia deriva en pachanga. Mucho alcohol y poca seriedad.


T 1: Estoy de acuerdo. Pero, en este mundo al revés ¿qué papel nos toca jugar a los
simples aficionados? ¿Ir a esas novilladas afeitadas pagando precios de corrida de lujo?


T 2: ¿O agarrarnos a los catorrazos con la policía en marchas de protesta que, para
funcionar, tendrían que ir acompañadas con docenas de pancartas con frases laudatorias
al toreo de intelectuales y artistas de todas las épocas, cosa que a nadie se le ha ocurrido?


Ta: Todo menos rendirnos. Aprender a defender la cultura taurina ante cualquiera. No
dejarnos ahogar por la corriente de moda cuando que tenemos razones de sobra para salir
adelante en una discusión…

T 1: Hablando de reaccionar con casta e imaginación me acabo de acordar que, cuando
cerró la México durante mucho tiempo por un pleito entre el doctor Gaona y el entonces
regente de la ciudad, Jaime Rojas Palacios se las ingenió para organizar unas corridas
fingidas en la explanada de entrada del coso; unos aficionados hacían de toros y otros de
matadores con sus cuadrillas completas; llevó una buena banda de música y no faltaban ni
el alguacil ni el juez de plaza ni monosabios, mulilleros y demás. Y aquello se atascaba de
gente, tanto era el deseo de no dejar que la fiesta se perdiera. Fue a finales de los
ochenta, la década con menos festejos en la tormentosa vida de la Monumental.


Ta: Yo me apuntaría de monosabia…


T 2: Sabia eres y acabas de demostrarlo. Y en cuanto a mona yo diría que mucho, dicho
sea con el debido respeto.


En eso, nuestros amigos son casi arrollados por un tropel de perros cuyas elásticas traíllas
son diestramente sujetadas por una sola persona, que sin embargo no pudo impedir que
el más enorme, con tipo de mastín, soltara su contenido intestinal en mitad del camellón.
Aun así alcanzaron a distinguir, en el vidrio trasero de un carrazo que dejaba escapar a
todo volumen las notas de un corrido tumbado, la conocida leyenda “La tortura no es arte
ni es cultura”. Tres ruidosas motocicletas competían en zigzag, sus mochilas a bordo
decían Fud o algo así; un camión cargado de cascajo soltaba gruesas bocanadas de humo
negro… Pero la calidad de vida de la ciudad está a salvo, gracias a Dios y al progreso que
trajo el siglo XXI con su inteligencia artificial, su compasiva protección de seres sintientes,
sus benditas redes sociales…


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