40 años del Festival pro Armero en Madrid

por | Abr 5, 2026 | El toreo y la solidaridad | 0 Comentarios

Antoñete, Andrés Hernando, Palomo Linares, y los novilleros Joselito y Macareno de Colombia hicieron elpaseillo en tarde memorable por el objetivo solidario a favor de Armero.

En la plaza de las Ventas a beneficio de los damnificados por la catástrofe del volcán Nevado del Ruiz fue todo un acontecimiento-.

. Los toros pertenecieron a tres divisas a la ganadería de Hermanos Núñez, otros tres a la de El Torreón y uno a la de Sepúlveda.

Organizó el festival la Federación Nacional Taurina, que preside Lucio de Sancho; lo patrocina la Embajada de Colombia, y colaboran la Comunidad de Madrid y Toros-Madrid, empresa gestora del coso.

Luis García escribió para Aplausos la crónica toro a toro, siendo los lidiados en quinto y sexto lugar, las actuaciones más destacadas: «El primer toro, de El Torreón, es para Antoñete, que lo saluda con aceptables lances. El animal, mansote en varas, llega a la muleta sin muchas fuerzas y Chenel no acaba de acoplarse. Cuando finaliza de una estocada arriba, recibe una fuerte ovación  que saluda desde el tercio».

«Andrés Hernando se encuentra con un castaño de El Torreón, áspero y con genio, que acomete bruscamente al capote del segoviano, desarmándole y poniéndole en aprietos. Hernando muleteó voluntarioso siendo silenciada su labor».

«Sale el tercero, de Carlos Nuñez, y El Cordobés de nuevo en acción. Se aplauden sus lances con el capote, destacando unas apretadas chicuelinas. De repente salta al ruedo un espontáneo, es el novillero Manuel Díaz «Manolo», del que su madre dice que es hijo de El Cordobés, y es retirado sin dar un solo pase. Tras brindar a Julio Iglesias, el trasteo transcurre en tono gris, con un Benítez voluntarioso que no acaba de acoplarse con su enemigo. Pronto monta la espada y acaba su labor de una media caída. El público guardó silencio».

Manuel Díaz saltó de espontáneo en el novillo de su padre.

«Palomo Linares tuvo enfrente un toro de Sepúlveda, manso y con genio, con el que aliñó la faena que fue silenciada».

«En el quinto llegó la apoteosis. El torrestrella tenía bondad y clase, sobretodo por el pitón izquierdo. Antoñete se percató de ello y brindó a su público. Desde los primeros pases los tendidos se convirtieron en un manicomio. Qué manera de torear con la mano zurda. El pecho por delante, la muleta tersa, adelantada, llevaba al animal en su panza con pasmosa suavidad. Fueron tres series rematadas con otros tantos pases de pecho para el recuerdo. También se luce el maestro en su quehacer por el lado derecho, aunque bajara un poco la profundidad de los pases. Cita a recibir y entierra casi todo el acero arriba. El delirio. La plaza se llena de pañuelos. Las dos orejas, y el público en pie solicitando el rabo. Antoñete, visiblemente emocionado, da dos vueltas al ruedo al grito de ¡torero! ¡torero!».

Antoñete bordó la faena al quinto novillo.

«Difícil papeleta para el joven Joselito cuando sale el sexto, también de Núñez. El astado luce flojito, pero toma la muleta con clase. Joselito lo aprovecha a placer por la lado izquierdo, con un toreo reposado y ligado, que vuelve a calentar los tendidos. Se va como un jabato tras la espada, en un superior volapié. Otras dos orejas que pasea feliz y que le aúpan a la cumbre del escalafón inferior».

«Cierra el festival un novillo de El Torreón, manso, con el que Macareno no puede lucirse».