Aquellos tiempos de la real competencia de los toreros…Camino y Joselito Huerta en la mirada del maestro Alcalino

por | Mar 31, 2026 | Los maestros | 0 Comentarios

La cosa fue así: tras el segundo puyazo, Huerta fue al quite e hizo unas fregolinas
ajustadas aun cuando no muy limpias, que el público, que toda la tarde estuvo entregada
con el maestro poblano, ovacionó con calor. Camino, nervioso, tal vez pensando que se le
estaban quitando muletazos al lagunero, gritó algo a Huerta y éste, ni tardo ni dejado, hizo
un notorio ademán… y allí brotaron la pasión y el partidarismo. La pasión (…) que cuando
es la de dos hombres y dos toreros enfrentados en el ruedo, repercute en el tendido. Y, de
inmediato, los gritos de ¡Huerta, Huerta! y ¡Camino, Camino! hicieron vibrar el coso.
Bienvenida esa pasión, que es pugna taurina. Que es aspiración a no dejarse ganar la
pelea (…) Bienvenido ese pundonor, del que al parecer ya teníamos que referirnos como
algo perdido en el remoto pasado (…) Lo ideal sería que la empresa, canalizando la
aspiración popular, pudiera conjuntarlos en otro cartel. Y mejor, mucho mejor, si fuera
mano a mano.” (Ovaciones, 19 de marzo de 1962)


Así se refirió Jarameño (Antonio García Castillo) al intercambio de agresivos gestos y
palabras entre el poblano Joselito Huerta y el sevillano Paco Camino a raíz de la
intervención de José en su turno en quites del sexto de la tarde, segundo del lote de
Camino. La afición llevaba más de dos meses preguntándose por qué no figuraba en el
elenco de la temporada el León de Tetela, y cuando al fin se anunció su contratación sintió
que la serie invernal cobraba un aire nuevo. También contribuyó a ello el retorno del
camero, que cubrió con tal éxito sus primeras tres corridas –las acordadas en
principio—que la empresa se apresuró a duplicarle la oferta. El cartel de aquel 18 de
marzo lo completó el mazatleco José Ramón Tirado, que acababa de dar el aldabonazo
de su vida el domingo anterior, superando a Alfredo Leal y a Camino al desorejar con todo
merecimiento a su segundo de Coaxamaluca. Un éxito que estuvo lejos de repetir a
pesar de tocarle esta vez un quinto toro realmente bueno: si bien lo bordó con la capa
–verónicas dormidas, chicuelinas limpias y ceñidas—y confirmó que era un excelente
banderillero, muletearía sin convicción ni acople al magnífico “Cascabelero”, de La
Laguna, en cuyo desigual encierro hubo dos astados –los dos últimos—que hicieron
honor a la fama de boyantía y clase que gozaban los astados de la vacada tlaxcalteca de
Romárico “Maco” González.

Carlos León toma partido. El cronista de Novedades era un reconocido hispanófilo y, en
la pugna entre el mexicano y el español, no le costó trabajo inclinarse por el andaluz,
según veremos a continuación:


“No había hecho nada con “Guadañador”, tercero de la corrida, un bicho incierto que
tiraba coces y se mostraba reservón (…) Pero vino el sexto, “Petaco” de nombre, para
que el chico de Sevilla volviera a mostrar lo buen torero que es (…) Trazó verónicas
mandonas, recreándose en especial por el lado izquierdo. Deseoso de cuidar al toro para
que llegara bien a la muleta, tuvo un incidente con Joselito Huerta quien, descentrado
como hoy salió, hizo una caricatura de quite donde ni se lució y, en cambio, con sus
torpezas y embarullamientos estaba echando a perder al toro. La gente se dividió y estalló
la pasión por el pleito entre ambos toreros, siendo mayoría los que, sin razón, tomaron
partido por José. Poco les duró el gusto, pues se enfurruñó el niño torero y salió
encastado a bordar un trasteo primoroso. Vertical, saleroso, echando mucho garbo, el
artista andaluz dibujó los trincherazos, los pases de la firma, los pases naturales y, sobre
todo, con una calidad excepcional, los muletazos en redondo con la mano diestra, que
fueron un portento de limpia ejecución. La gente, que en vano intentó hostilizarlo, se
entregó noblemente ante tanta majeza (…) Señaló un pinchazo, clavó después media
estocada y terminó con un descabello al primer empujón. Y así se le fueron las orejas.”
(Novedades, 19 de marzo de 1962).


Declaraciones. Faltaba conocer los puntos de vista de los diestros en pugna, y ninguno
de ellos se inhibió en las entrevistas postcorrida que hacía Tapabocas (Cutberto Pérez)
para el Ovaciones:
“Vaya si estaba explosivo Joselito cuando nos dijo: “Los tiempos de Hernán Cortés se
acabaron y por eso no he permitido que Camino me tratara de apantallar. Que no se le
olvide que me llamo Joselito Huerta y que donde quiera que me pare soy una figura del
toreo al que no se le puede gritar (…) La discusión comenzó en el toro de Tirado por otro
quite que hice después de pedirle permiso a Ramón. Luego, por no haberme dejado y
ponerlo en su lugar Camino se enojó, cosa que no me importa y menos cuando el público
sabe que no he de defraudarlo (…) En igualdad de circunstancias veremos quién es
mejor. Desgraciadamente hoy mi lote fue malo.”


El sevillano, muy nervioso y enojado, dijo: “No ha sido nada. Pero es que da rabia que
uno que se dice figura del toreo le robe pases al toro de un compañero, que fue lo que
hizo Huerta. Si es figura que compre el sobrero y lo toree a placer, pero no los de sus
compañeros (…) Además, que no se olvide de cómo se le quiere en España y
principalmente en Sevilla. Entonces, que no le haga jugarretas tan feas a un sevillano
ahora que está en su tierra.” (ídem)

El áspero intercambio entre JOSÉ HUERTA y PACO CAMINO y, en ese mismo toro (“Petaco, 6º), dos
instantes de la hermosa faena de CAMINO (derechazo y de pecho zurdo).

Réplica sin réplica. Naturalmente, la gente se hizo lenguas sobre la rivalidad así surgida
y no tardó en manifestarse en todos los tonos sobre la necesidad de que las cuentas
pendientes se dirimieran en un mano a mano entre los antagonistas. Alfonso Gaona,
gerente de la empresa, puso a su disposición una corrida de La Punta, Manolo Chopera,
apoderado de Paco, opuso peros al respecto y la cuestión se resolvió, para desencanto
de la afición, agregando un primer espada al cartel, el veterano Jorge “Ranchero” Aguilar.
¿Fecha de la corrida? 8 de abril de 1962. Vale la pena recordar que La Punta, encaste
Parladé, criaba por ese entonces los toros más corpulentos y ofensivos del campo bravo
mexicano.


Triunfador inesperado. Efectivamente, los punteños salieron dispuestos a darle guerra a
la grey coletuda. Con una excepción: el dócil y pastueño primero de la tarde, “Solito” de
nombre, con el que El Ranchero Aguilar, de celeste y oro, bordó el natural con la largueza
y temple que caracterizaban su recia y sabrosa concepción del toreo. Trasteo hondo y
redondo, muy bien medido pues los punteños no eran toros para faenas eternas. Con eso
y una estocada certera tuvo Jorge para cobrar una oreja de ley y erigirse triunfador de una
tarde en la que Camino no se confió en ningún momento con los punteños y Huerta
batalló en vano por salir vencedor de una pugna que conocería algunos capítulos más, en
México y en España.


Testimonio mediático. Recurrimos otra vez a puntos de vista encontrados,
representados por los cronistas del diario Novedades y el deportivo Ovaciones ya citados.
Escribió Carlos León: “Después de tantos dimes y diretes se creía que José y Paco iban
a to be like cat and dog –la carta abierta de ese lunes se la dirigió el cronista a Frank
Sinatra, de ahí la frasecita en inglés–, pero en vez de estar como perros y gatos, la cosa
se redujo a que El Perro Andaluz apenas y le meneara la cola al Gato Félix de Tetela (…)
Y del que menos se esperaba que abriera la boca fue, a la postre, quien dio la nota aguda
(…) De embestidas aterciopeladas, “Solito” era de esos toros que, haciendo honor a su
nombre, se hacen solos la faena. Pero Jorge Aguilar estuvo muy bien. Se quedó quieto en
los iniciales muletazos por alto para luego correrle la mano en redondos sobre la diestra,
hasta que descubrió que el lado izquierdo del punteño era ideal (y) fue dibujando varias
tandas de naturales estupendos, algunos de limpísima lentitud, templando muy bien las
sedeñas embestidas del ducal colaborador de su faena (…) rubricó su trasteo de soberbio
estoconazo que fulminó a “Solito”. Se ganó una oreja y dio dos triunfales vueltas al ruedo.”
(Novedades, 9 de abril de 1962)

Y si de Paco Camino iba a afirmar que “Se dejó la regadera en el hotel y salió únicamente
a salir del paso (…) Pero con “Avellano”, que cerró plaza y dio una lidia encastada y
codiciosa contra los montados, lució la magnífica colocación de Camino, que salvó la vida
a los hulanos caídos al descubierto”, sobre Huerta se dejó ir sin contemplaciones, lean si
no: “Con “Jicarero”, el quinto, Pepito –no merece que volvamos a llamarlo Joselito– hizo
de tripas corazón y anduvo voluntarioso y bullidor, aunque atropellado y a brincos (en)
trasteo a la trágala y de una vulgaridad desesperante.” (íbid)


La faena así calificada en el relato caminista de Carlos León recibiría un tratamiento muy
distinto de Jarameño: “José Huerta, el indio de Tetela, cumplió lo que dijo: Ni aquí ni allá
me dejo ganar la pelea por nadie (…) Vaya forma de dar la cara ante todo un toro que no
se dejó picar y llegó al tercio final con ganas de llevarse por delante lo que hubiera (…) La
emoción, la emoción al rojo, viajó desde la arena, donde José se jugaba la vida, hasta los
tendidos (…) Cierto, no fue una faena limpia, no lo permitía la embestida brusca y
descompuesta del burel, pero fueron muletazos toreros a más no poder, mandando sobre
el astado, exponiendo hasta lo indecible (…) Pero con la espada, fatal (…) Ovación fuerte,
con protestas de algunos. Bueno, hay pasión. Que así continúe la cosa.” (Ovaciones, 9
de abril de 1962).


El cronista de Ovaciones encomió asimismo la excelente faena de Jorge Aguilar y los dos
oportunos quites de Camino a piqueros en peligro, lo único rescatable del sevillano.

Los templados naturales de EL RANCHERO a “Solito” (1º) fueron lo mejor de una tarde en que HUERTA
(derechazo) derrochó voluntad, CAMINO abulia y los de LA PUNTA (puyazo con tumbo al 6º) poderío y

aspereza

Belmonte, RIP. Ese mismo domingo abrileño conmocionó al mundo de los toros la noticia
de la muerte de Juan Belmonte. Tiempo después se supo que el Terremoto de Triana,
autor de la Revolución taurina del siglo, eligió por voluntad propia el momento y la forma
de reunirse con Gallito, su mítica contraparte en la época de oro del toreo en España.
Paridad sin rencores. Huerta y Camino alternaron después en numerosas ocasiones, ya
sin ese tono de encono personal del año 62. Y el éxito estuvo repartido entre ambos:
victorias de Paco en Guadalajara (21.03.63, con dos rabos cortados) y en dos Orejas de
Oro (1963 –“Catrín”—y 1964), y señalados triunfos de José en la Monumental de
Insurgentes (06.01.63, con “Macareno” de Cabrera), Madrid (22.05.64, con Atanasios) y el
Toreo de Cuatro Caminos la tarde en que bordó el natural con ”Antequerano” de Santo
Domingo (28.11.64). Y no serían las únicas. De figura a figura…


Y de señor a señor, porque cuando en 1997 se anunció a Joselito Huerta para participar
en el festival a beneficio de “El Soro” en la Monumental de Madrid, Paco Camino puso a
disposición de su antiguo rival mexicano becerras de su ganadería –sangre Santa
Coloma– para que se entrenara. En correspondencia, José bordó en Las Ventas a un
novillo de Juan Pedro Domecq (07.03.97), por cierto banderilleado brillantemente por Luis
Francisco Esplá, que estaba en el tendido. Habían transcurrido exactamente 35 años
desde la tarde aquella en que el pundonor de ambos los enfrentó acremente sobre la
arena de El Toreo.