La gestión del tiempo y el valor del compás lento centraron gran parte de las reflexiones de la jornada.Dorantes equiparó la paciencia y el temple necesarios para torear despacio con la solemnidad de la soleá, destacando que tanto el toreo como el flamenco comparten la virtud de eliminar lo accesorio.
La incomprensión ante las propuestas innovadoras fue otro de los puntos de debate compartidos por los ponentes. Dorantes defendió la conveniencia de romper patrones tradicionales siempre que se aporte una evolución real al lenguaje de la disciplina. En este sentido, Galván rememoró su celebrada e innovadora faena de la temporada 2024 en Madrid, una obra de estructura heterodoxa pero de ejecución clásica.

El encuentro también reservó un espacio para profundizar en las raíces y referentes de ambos creadores. El pianista rindió tributo a la figura de su tío, Juan Peña «El Lebrijano»
La velada concluyó con un pasaje de gran carga mística y plástica. Tras compartir Galván una experiencia de restauración personal y fe ligada a su visita a Jesús de Medinaceli en Madrid antes de su relanzamiento en la Copa Chenel, la música se adueñó del auditorio.Dorantes interpretó en directo al piano los acordes de su célebre composición «Orobroy», clausurando la cita con una estampa artística de notable belleza.

El análisis del proceso creativo desveló notables paralelismos en la búsqueda de la excelencia artística por parte de ambos creadores.David Galván definió el sentido del arte como la consecución de una simbiosis total con el toro que permita alcanzar la trascendencia espiritual











