Se lucieron Octavio Chacón, a quien vimos en Bogotà hace un par de años , Pepe Moral y Daniel Crespo.
RESUMEN DE LA CORRIDA EN SAN LUCAR DE BARRAMEDA
OCTAVIO CHACÓN, ovación y dos orejas
• PEPE MORAL, oreja y dos orejas
• DANIEL CRESPO, oreja y oreja

Pepe Reyes reseñò:
:Celebraba Sanlúcar su ya tradicional corrida magallánica, que se ha erigido en referente obligado de la temporada taurina gaditana, en la que el ruedo se alfombra de sal policromada y en la que todos los actuantes lucen indumentaria propia de los albores del siglo XVI. Evocación de usanzas del pasado que presenta torista correspondencia con el ganado elegido para la ocasión: ejemplares de Miura, vacada creada en 1840 con sangre Gallardo y Cabrera y que desde entonces no ha sufrido cambios ni aportes de casta exógena en su devenir genealógico. Toros altos, huesudos, musculados, cornalones, con pitones de gruesa mazorca y de comportamiento variable, avieso a veces e imprevisible siempre. Y cuya complicada lidia evoca la añeja tauromaquia decimonónica, cuando cada suerte se convertía en una recia y valerosa lid de la que el torero pugnaba por salir ileso.
Y como una ola de pasado que irrumpiera en el presente, inundó el ruedo «Bolichero», largo, agalgado, de 636 kilos, que se dedicó a destrozar barreras antes de acudir al capote de Octavio Chacón, al que acudió con nobleza y buen desplazamiento por ambos pitones. Tomó después una larga vara en la que empujó con fijeza, y Chacón lo dejó en suerte de nuevo, más allá de los medios, y el bravo toro volvió arrancarse con prontitud al caballo. Verificó el diestro de Prado del Rey un ceñido quite por delantales a un ejemplar miureño que permitiría también, con sus arrancadas largas y francas, un completo tercio de banderillas. Muleta en mano, Octavio Chacón, torero curtido, técnico y poderoso, dio un recital de temple y de torero conocimiento en una faena compacta en la que aprovechó el suave ritmo y fijeza que presentaba su oponente en la embestida. Sorteó miradas y dudas que en ocasiones le dedicaba el miura, hasta encelarlo en tandas de redondos y naturales de mucho mérito. Unos molinetes finales constituyeron dinámico preámbulo a cuatro pinchazos y una estocada desprendida.
Castaño bragado el segundo, también permitió a Pepe Moral estirarse a la verónica y, como el anterior, se enceló bajo el peto de la cabalgadura en brava pelea. En este caso, dadas las aparentes fuerzas justas del animal, se cambió pronto el tercio. El espada sevillano sacó con mando y donosura al toro hasta los medios para emprender ahí una sucesión de tandas de derechazos, que el toro tomó mucho mejor que cuando ensayaba el toreo al natural. Plasmó Moral una faena firme y decidida, en la que supo sacar partido de la obediencia y repetición que le regaló su enemigo. Un pinchazo y una gran estocada pusieron fin a una labor.
Tras su reciente y flagrante triunfo en su ciudad natal, El Puerto de Santa María, se presentaba Daniel Crespo en Sanlúcar, en su primera comparecencia con miuras a lo largo de su trayectoria. Y lo hizo ante un colorado, acapachado de cuerna, que se le quedó muy corto bajo el capote y le apretó por el pitón izquierdo.
El oriundo de Zahariche tomó dos varas, la segunda en vibrante arrancada desde los medios, y escenificó un muy complicado tercio rehiletero, en el que cortó al peonaje con aviesa intención. Sorprendió Daniel Crespo por su decisión y buen hacer muleteril, en el que no sólo cuajó al toro por el pitón derecho sino que llegó a alcanzar las más altas cotas estéticas y de mando con el toreo al natural, el pitón por el que el astado presentaba más dificultades.
Muletazos largos y profundos, que el buen miura tomaba con largura, entrega y prontitud. Interesante trasteo que abrochó Crespo con media estocada y certero descabello. Cárdeno oscuro el cuarto, que salió al ruedo con encendida agresividad, rematando en tablas y pendiente a todo.
Y cuando Octavió Chacón lo retó con su capote, se quedaría muy corto y apretaría hacia los adentros. Empujó en larga pelea bajo el caballo, en un encuentro donde se rompió en demasía. Más de dos minutos metiendo los riñones, motivó que saliera menoscabado de fuerzas y que el público, con sorprendente enojo, solicitara su devolución.
No se devolvió, de manera acertada, y el toro empezó a embestir con suavidad y nobleza a la muleta de Chacón, quien se la presentaba con sabiduría y temple en goteados muletazos, con los que parecía acariciar la entregada acometida del cárdeno. Sacó el máximo partido de un toro de comportamiento tan cambiante como interesante y remató su lucida actuación con una portentosa ejecución del volapié, de efecto fulminante.










