La cornada mortal sufrida por Francisco Rivera en Pozoblanco conmocionó a España, dejó una de las secuencias más recordadas de la televisión y aceleró la revisión de los medios sanitarios en los festejos taurinos
El 26 de septiembre de 1984, una tarde de feria en Pozoblanco, Córdoba, terminó convertida en una de las jornadas que permanecen grabadas en la memoria colectiva española. Francisco Rivera Pérez, Paquirri, una de las grandes figuras del toreo y uno de los personajes más populares del país, sufrió una cornada de extrema gravedad durante la lidia de Avispado, cuarto toro del festejo. El torero murió horas después, cuando tenía 36 años. La tragedia trascendió el ámbito taurino: expuso las carencias de la atención de urgencia disponible en algunas plazas y abrió un debate nacional sobre la preparación sanitaria ante accidentes de máxima gravedad encuentro en La Nociòn.
Paquirri compartía cartel con José Cubero, el Yiyo, y Vicente Ruiz, el Soro, en una corrida con reses de Sayalero y Bandrés. La embestida de Avispado le causó una herida en el muslo derecho con varias trayectorias y afectación de vasos sanguíneos principales, entre ellos la vena safena y la femoral, según el parte médico difundido entonces. La hemorragia fue masiva. A pesar de la gravedad, el diestro llegó consciente a la enfermería y explicó con una serenidad que impresionó a los presentes el recorrido que intuía en la herida. Aquella escena, registrada por una cámara, se transformó en uno de los documentos audiovisuales más impactantes de la España de los años ochenta.

La enfermería de la plaza no reunía las condiciones necesarias para una intervención de aquella complejidad. Tras una primera atención, se decidió trasladarlo en ambulancia al Hospital Militar de Córdoba, situado a unos 70 kilómetros. El trayecto por carretera consumió un tiempo decisivo. Radio Nacional de España informó de que el cuerpo entró en el quirófano alrededor de las diez menos veinte de la noche, pero los médicos no pudieron revertir el colapso provocado por la pérdida de sangre. La causa final fue un choque hipovolémico derivado de la hemorragia.
Respuesta sanitaria junto a una plaza de toros española en 1984, contexto en el que la tragedia de Pozoblanco evidenció la importancia de contar con medios médicos inmediatos y vías de evacuación eficaces
La noticia paralizó al país en una época sin teléfonos móviles, internet ni redes sociales. La radio y la televisión llevaron la información a millones de hogares, mientras las imágenes tomadas en la enfermería mostraban la lucidez del torero ante una lesión mortal. Paquirri era ya una celebridad que desbordaba las páginas taurinas: su trayectoria profesional, su vida familiar y su matrimonio con la cantante Isabel Pantoja lo habían convertido en una figura habitual de la actualidad nacional. Su muerte unió, por tanto, la dimensión de una tragedia profesional con el enorme impacto emocional de la pérdida de un personaje público.
El alcance histórico de lo ocurrido no se limita a la conmoción de aquel día. La muerte de Paquirri se convirtió en un punto de referencia para revisar la asistencia médica en los festejos taurinos. En los años posteriores se reforzaron los protocolos de actuación, se mejoraron las enfermerías y se extendió la exigencia de equipos sanitarios preparados para intervenir de inmediato. También ganó peso la necesidad de disponer de quirófanos, material de reanimación, personal especializado y vías claras de evacuación. El objetivo era controlar la hemorragia en el propio recinto y ganar el tiempo imprescindible antes de un eventual traslado hospitalario.
Atribuir una reforma completa a un solo suceso simplificaría la evolución de la medicina taurina, que contaba con profesionales y conocimiento especializado desde mucho antes. Sin embargo, la dimensión pública del caso de Pozoblanco hizo visibles deficiencias que ya no podían ignorarse. La rapidez de la atención, la capacidad quirúrgica cercana y la coordinación del traslado dejaron de ser asuntos técnicos reservados a los organizadores para convertirse en una cuestión de seguridad sometida al escrutinio de toda la sociedad.










