El 21 de mayo de 1991 un colombiano desconocido salió a hombros de la Monumental de las Ventas la primera de las cuatro veces consecutivas que conseguiría tal hazaña en esa temporada

Ahora que conmemoramos al César que nos conquistó el corazón a golpes de Puerta Grande, ahora que han pasado 30 años como 30 siglos de la rendición de Madrid, quiero sumarme a los tributos con mis recuerdos. Despedí a Rincón por las plazas de Francia, por España y en su Colombia natal. Fue entonces, y no antes, cuando adquirí la conciencia cierta de que César Rincón no había sido sólo patrimonio de Las Ventas, como con un absurdo ombliguismo pensaba, sino patrimonio de la Humanidad. Una figura transoceánica, un dios que pisó la tierra, el indio de piedra de Bogotá, el hombre que reinó en todos los continentes de la tauromaquia. El 21 de mayo de 1991 CR golpeó por primera vez el corazón de Las Ventas, y su leyenda emprendió el camino de la forja, que ya venía de antes, agrega El Mundo.
«No vengo a explicarles quién ha sido César Rincón, simplemente quiero agradecerles habérnoslo prestado estos 25 años [de alternativa]», dije ante el abarrotado auditorio del Club Nogal de Bogotá horas antes del adiós del César del Toreo en la Santamaría en el primaveral febrero de 2008. No sabía cómo enfocar el diálogo mano a mano con Rincón sin provocar en su patria rechazo alguno por españolito sapientín, así que a continuación saqué del cofre de madera que viajaba conmigo una bandera de España, de seda y bordado artesanal, a modo de rendición de Breda ante el torero que nos había conquistado.
La idea la copié en aquel año de despedida en el que alucinaba en cada una de las últimas tardes de César en las principales plazas de Francia: antes de la corrida el alcalde de la ciudad, no el presidente de la peña Borratxolaris, ni el secretario de la agrupación el TBO, el alcalde, de Nimes o Dax, le entregaba las llaves de oro. «¡Qué mal lo hemos vuelto a hacer a este lado de la frontera!», pensé a la vez que tomaba conciencia de la dimensión histórica del César.
Cuando nos envolvimos abrazados en la bandera de España en la capital que lo parió, por el broncíneo rostro del maestro rodaron lágrimas como puños. La vida y la carrera de César Rincón fueron una batalla trágica, como la del toro Bastonito, un mar de adversidades, una montaña rusa. Para cuando le sonrió el destino en 1991, Rincón había perdido a su madre y a su hermana en el 82 en un terrible accidente: las velas que encendieron para que una tarde de novillada








