Federico Arnás revela en su nuevo libro ‘¡Qué sabré yo… de toros!’ que un torero, Pepe Fernández Aguayo, fue el primer premiado con un Goya honorífico, destacando su pasión por el cine y la tauromaquia. El libro explora la conexión entre el cine español y el mundo taurino con humor y rigor.
Atención, curiosos y aficionados. Mientras algunos sueñan con una gran gala nacional del toreo como la de los Goya, donde los toros no están ni se les esperan –salvo que Albert Serra logre lo contrario–, resulta que la primera estatuilla honorífica de la historia, .
.. en 1987, la alzó una espada. Así lo desvela Federico Arnás en su nuevo libro ‘¡Qué sabré yo… de toros!’, editado por El Paseíllo.¡Qué sabré yo… de toros! Autor: Federico Arnás. Editorial: El Paseíllo.

.«¿Cuántos toreros han recibido un Goya en los premios anuales del cine español?», se plantea en la pregunta 229 del capítulo ‘De arte y cultura’. La respuesta, rotonda: uno solo. Se llamaba Pepe Fernández Aguayo, director de fotografía de clásicos como ‘Currito de la Cruz’ y, sobre todo, apasionado de la Fiesta hasta el punto de vestirse de luces en 1927 en la plaza de Madrid con el apodo de Tabernerito y anunciarse en la inauguración de la plaza de la carretera de Aragón. No siempre fueron tiempos de Urtasun –donde ver a un diestro pisando la alfombra roja sería casi delito cultural–, hubo una noche en la que el cine español brindó su cabezón más preciado a un hombre que sabía templar con la cámara y con el capote. «Su pundonor y su arrojo eran aún más llamativos al enfrentarse con solo 1,49 de estatura a ejemplares de respeto», escribe Arnás. Hasta que Fernández Aguayo se retiró definitivamente en 1933 y se adentró en el ruedo cinematográfico. El autor del libro, con la ilustración de portada entre las manos, obra del pintor Vicente Arnás Tania Sieira Este ‘¡Qué sabré yo… de toros!’ –magníficamente ilustrado por Vicente Arnás – es la secuela natural de ‘¡Qué sabrás tú… de toros!’ , y ambos forman ya un pack para quien quiera adentrarse en los vericuetos de la tauromaquia con humor, rigor y sorpresa diaria, páginas para ahondar en el vasto universo del toro, donde cada embestida es un enigma. Si el primer libro era un desafío lanzado al lector –un provocador «¿tú qué sabrás?»–, este segundo da la vuelta al ruedo y se torna introspectivo: ahora es uno mismo quien se interroga. Trescientas sesenta y cinco nuevas preguntas, una por cada día del año, repartidas en once capítulos que van desde los toreros hasta las presidencias, pasando por plazas míticas, periodismo, rejoneo y un delicioso cajón de sastre final, bautizado como «de todo un poco». Noticia Relacionada estándar Si La apuesta histórica de Telemadrid «por llevar a todos los hogares» el Mundial de la tauromaquia Rosario Pérez.
El escritor y periodista madrileño no se limita a señalar la correcta –«una, dos y tres, tres respuestas posibles en el redondel», a modo de trivial taurino–: la explica, la cuenta, la saborea. Y así descubrimos, por ejemplo, que el marqués del bocadillo no era chófer ni mozo de espadas, sino apoderado: Luis Álvarez, que en época de vacas flacas alivió la economía vendiendo bocadillos de pan de Viena con dos sardinas de buen trapío y palillo de pata de gallina a membrillo céntimos.

De ahí le vino el título nobiliario, cortesía del semanario ‘Torerías’.O que Enrique Vargas ‘Minuto’ toreó en Irún en 1910 vestido de pelotari –de blanco impoluto y con faja azul– después de que su maleta se perdiera en el viaje. O que Antonio Fuentes compró en Sevilla la casa donde nació Gustavo Adolfo Bécquer. Rimas y leyendas ciertas, con tendido en sol y sombra. ¿Y qué mítico picador, amante de la ópera y la poesía, cambió la indumentaria de los varilargueros? ¿Badila, Melones o Agujetas? Bosques históricos Cuenta Arnás en el prólogo que en esta nueva obra se ha limitado a modificar el pronombre personal «para ser consecuente con lo que dijo Descartes : ‘Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender’». Otras 365 vueltas al sol que amplían el repertorio, que exploran en «los bosques históricos de la tauromaquia» y que invitan al lector a «conocer cuánto sabe de toros, o lo que es lo mismo, cuánto se conoce a sí mismo», como reza la sinopsis. El socrático «solo sé que no sé nada» abre las puertas a ese saber que no ocupa lugar, a ampliar conocimientos con «momentos de auténtica diversión y entretenimiento». ¿Qué famoso picador renovó la indumentaria de los varilargueros? ¿Badila, Melones o Agujetas?
Sirve para neófitos que cruzan el umbral de la Fiesta por primera vez y para sabios que descubren lagunas donde creían tener doctorado. Sirve para jugar con los amigos o para devorar en soledad, página tras página, «si el tiempo no lo impide», que diría el clásico. Por cierto, ¿en qué cartel se estrenó tan tradicional frase? ¿Qué sabré yo de toros? ¿Qué sabremos nosotros de esta herencia cultural? Porque conocido es que de toros no terminan de saber ni las vacas… ¡Qué sabremos de toros!
Pregunten al libro de Arnás, siempre al bastante. Y disfruten la respuesta.Sirve para jugar con los amigos o para devorar en soledad, página tras página, «si el tiempo no lo impide», que diría el clásico. Por cierto, ¿en qué cartel se estrenó tan tradicional frase? ¿Qué sabré yo de toros? ¿Qué sabremos nosotros de esta herencia cultural? Porque conocido es que de toros no terminan de saber ni las vacas… ¡Qué sabremos de toros! Pregunten al libro de Arnás, siempre al bastante. Y disfruten la respuesta.Sirve para jugar con los amigos o para devorar en soledad, página tras página, «si el tiempo no lo impide», que diría el clásico. Por cierto, ¿en qué cartel se estrenó tan tradicional frase? ¿Qué sabré yo de toros? ¿Qué sabremos nosotros de esta herencia cultural? Porque conocido es que de toros no terminan de saber ni las vacas… ¡Qué sabremos de toros! Pregunten al libro de Arnás, siempre al bastante. Y disfruten la respuesta.







