Si se decía que un lance del Faraón compensaba por sí solo el precio de la entrada, una frase del mito, un susurro, puede convertir un proyecto en un sueño para la eternidad. Y es que con Curro (Romero) empezó todo: «La verdad es muy difícil, y tiene tanta fuerza… Pero ya nadie dice la verdad». Esta confesión del camero, ante Zabala de la Serna en 2020, otorga ahora sentido -y da título- a una colección de 23 entrevistas que el jefe de la sección de Toros de EL MUNDO ha recopilado para dar forma a una obra bordada por colleras con José Aymá, que da vida a las palabras con sus imponentes retratos en blanco y negro.
Ambos presentaron ayer en Madrid Ya nadie dice la verdad. Diálogos íntimos del toreo (El Paseíllo) arropados por una multitud que abarrotó el Café Varela en un acto dirigido por Melquíades, alma, cuerpo y propietario del emblemático templo madrileño. Tras él tomó la palabra, Joaquín Manso, director de EL MUNDO, que consolidó el compromiso del medio con el toreo situando a la Tauromaquia entre sus prioridades editoriales. «Queremos ser el periódico de los toros como manifestación cultural más expresiva de la idiosincrasia de España y más singularmente elocuente de la belleza de la libertad», dijo, antes de entrar en materia sobre el propio libro, «que demuestra que Zabala de la Serna escucha igual que escribe, con la misma limpieza reposada, con la misma sabiduría precisa y con la misma desnudez poética con la que es capaz de relatar la liturgia». Manso destacó las entrevistas del volumen «que recogen una inclinación sensible hacia planteamientos abstractos de sus protagonistas como la preocupación apasionada de Rafael de Paula por el compás o la de Morante por la muerte».
Define Antonio Lucas la obra, en su prólogo, como «el mapa de una autenticidad: toreros hablando de lo suyo más allá de las palabras, de los zumbidos de la voz». Ayer, el periodista y escritor de EL MUNDO fue más allá situando al libro como «un acontecimiento del periodismo», y destacando la condición de la escritura del autor «sólo hecha para salir gloriosa, por la Puerta del Príncipe por la que ha salido en las 23 entrevistas de este libro, que es la pura felicidad: la del lector, la de un amigo y la de alguien que cuando abre estas páginas entra en el espejo de un viaje infinito, el mismo espejo que son los toros».
José Aymá expresó lo que le ha cambiado la vida la experiencia de tener frente a frente a estos protagonistas: «Me ha cambiado bastante, ha habido personajes que nos han traspasado con la mirada, que se han mostrado tal y como son, sin ningún tipo de ambages y ha sido hasta cierto punto abrupto enfrentarte a personas que irradian esa verdad tan íntegra y esa autenticidad tan pura».
Zabala de la Serna reconoció que el libro «fue una casualidad»: «De repente, Pepe y yo nos dimos cuenta de que teníamos un trabajo con una unidad estética y una unidad ética, que era la defensa de los toros. El libro, sin pretender reivindicar nada, pone al toreo en el sitio justo de su categoría y aporta luz a su historia detrás de esos focos deslumbrantes que son los grandes mitos y a la sombra que proyectan y en la que se encuentran las grandes figuras del toreo», explicó nombrando a Curro, a Paula, a El Viti o a El Cordobés.
En ese listado de figuras surgió el nombre de César Rincón. Decir mayo en Madrid es decir San Isidro en Las Ventas. Y al nombrar la Cátedra, la figura de Rincón aflora de manera inapelable con el recuerdo de aquel póker de Puertas Grandes consecutivas en 1991. El colombiano cerró el acto agradeciendo a los autores «la magia» que escritores y fotógrafos hacen a través de la conectividad con el toreo. «Qué maravilla es la Tauromaquia, que inspira tantas cosas tan lindas como este libro», dijo.
Zabala y Aymá venían de presentar su libro en Sevilla arropados por tres maestros como Emilio Muñoz, Paco Ojeda y Espartaco. La convocatoria de ayer en Madrid vino a consolidar la grandeza de lo que es una obra imprescindible: entre los presentes, propios protagonistas del libro como el citado César Rincón, los empresarios y ganaderos José Luis y Eduardo Lozano, acompañado por su sobrino Pablo y el mayoral de Las Ventas Florencio Fernández, Florito; el cineasta Agustín Díaz Yanes, los doctores José María Fernández-Rañada y Luis Madero; el sumiller de Coque Rafael Sandoval; el director general de la Fundación Toro de Lidia (FTL), Borja Cardelús; Lucía Martín, de la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL); los ganaderos Javier Moreno y Silvia Camacho, así como Alfredo Lafita hijo, Juan Antonio Gómez Angulo,Carlos Abella, Miguel Ángel Martín (Eurotoro) o Enrique Cornejo.
Además, tres grandes dinastía del toreo estuvieron presentes: la de los Bienvenida, representada por Paloma (hija de Antonio) y su nieto Gonzalo Izquierdo; la de La Serna, con la asistencia del hijo de Victoriano, Álvaro y los nietos José Ignacio, Víctor Zabala (gerente de Las Ventas y Valencia), Verónica y el propio autor del libro; y la de Pepe Luis Vázquez, en la figura de su nieto.
Del mundo de la comunicación estuvieron el columnista de ELMUNDO, el maestro Raúl del Pozo, Alfredo Relaño, Lara Siscar, Alfonso J. Ussía, Jesús Fernández Úbeda, el director general de contenidos de Mediaset, Manolo Villanueva, Ignacio Frauca, de Movistar Plus y el ex director de RTVE Leopoldo González-Echenique. De la órbita del Derecho asistieron el presidente de honor de la Academia de Jurisprudencia, José Antonio Escudero, la vicesecretaria general de CUNEF y profesora de penal, Beatriz Escudero y el socio de Deloitte, Marcelino Alonso.
‘Morante, media vida’, libro de la la fotógrafa colombiana Olga Holguín será presentado en Sevilla el martes.
Edición en gran formato que cuenta con una amplia selección de fotografías de la autora caleña con Morante de la Puebla como protagonista y se completa con textos de reconocidos escritores y periodistas.
La cita será a las 11 horas de Colombia en la Fundación Caja Rural del Sur, en la calle Murrillo 2, de la capital andaluza.
Una vez pasado lo peor de la pandemia, el escritor colombiano afincado en Barcelona, España, Nicolás Sampedro, presentó en el restaurante El Pórtico de Bogotá, el que ha sido su tercer libro El Aventorero, entre Agujetas y Badila.
El acto -con un marco incomparable-, fue presentado y moderado por el buen aficionado Ricardo Arbouin. Asistieron poco menos de cien personas, casi todas provenientes de la capital.
Antes y después los asistentes disfrutaron de toreo de salón bajo la dirección del matador de toros de Manizales José Arcila.
PERFIL DEL AUTOR Nicolás Sampedro Arrubla Nació en Bogotá en 1970. Inicia sus estudios en su ciudad natal y los termina en Barcelona, donde reside desde 2003. Ya en su niñez comenzó a interesarse por la tauromaquia, llegando a vestir el traje de luces en la década de los noventa y toreando como aficionado práctico hasta la fecha. Entre 2008 y 2011 formó parte, en España, de la junta directiva de la Plataforma para la Promoción y Defensa de la Fiesta, y a lo largo de ese mismo periodo codirigió la tertulia taurina del hotel Diplomatic (Barcelona), en la que participaron las principales figuras del toreo, ganaderos y empresarios. Ha dictado numerosas conferencias y participado en diversos coloquios taurinos, tanto en España como en América. Es autor de los libros El Aventorero, entre «Agujetas» y «Badila» (Círculo Rojo, 2020), Y después de Fuentes, ¿nadie? Apreciaciones para una correcta ejecución de las suertes del toreo (Biblioteca Nueva, 2017), y Cargar la suerte, Interpretación de un misterio taurómaco, (Biblioteca Nueva, 2014). Ha colaborado en diversos medios y publicaciones, destacando su participación en el libro José Tomás, de Nimes al cielo,
(2013), en la revista de la Fundación de Estudios Taurinos de Sevilla (2016
2019), en el estudio Impacto económico de la Feria Taurina de Olivenza, de la Diputación de Badajoz (2019) y en la Revista Quites, de la Diputación de Valencia (2022).
SINOPSIS DE LA TRAMA
Sinopsis trama El Aventorero Luego de profundizar en la técnica e historia de la tauromaquia, el autor se lanza al ruedo de la narrativa con El Aventorero. Entre Agujetas y Badila. Una novela corta en la que combina ficción e historia de una manera dinámica y divertida.
En la Cataluña de la década de los sesenta del siglo pasado, nuestro personaje, un matador de toros aspirante a figura del toreo, llega a Barcelona para hacer una sustitución –en Figueras– al maestro Antonio Ordoñez. En el lapso entre su llegada y su partida se ve envuelto en aventuras y vivencias muy propias de la España taurina de los siglos XIX y XX.
Apoyan y conforman este trabajo el inestimable prólogo del aficionado y periodista Joaquín Luna y la magnífica portada de Xavier Noguera, conocedor de las esencias taurinas y reconocido diestro con los pinceles.
( Publicado en Toroslidia por nuestro amigo y maestro José Luis Cantos autor de los libros sobre Joselito y el de Granero )
Partiendo de la base que la lectura de libros no está en su mejor momento, es muy posible que el libro de temática taurina, sea hoy en día, una de las obras más consumidas y con más adeptos dentro de las divulgación editorial, a pesar de que esta materia tan ansiada como querida, lleva años marginada por “grandes editoriales”, “medios de comunicación” y “sectores bibliotecarios”. Incluso en la actualidad, desde la misma cúpula táurica más selecta, aquella que sustentan empresarios, toreros, ganaderos y periodistas de “ilustre” tribuna, el trabajo literario no está valorado como se merece, algo que va en su propio detrimento, ya que sin conocer la identidad que ha laureado la tauromaquia desde tiempos inmemoriales, difícilmente se puede comprender en un presente tan fatuo y banal, algo tan onírico, sublime y elevado. Ser parte de esa cúpula, implica algo más que mirarse únicamente el ombligo.
Sin embargo el aficionado de solemne solera, tiene un poso especial, está hecho de otra pasta y su carácter didáctico y formativo, lo lleva a desvivirse desde los rincones más recónditos del globo terráqueo, por cualquier publicación taurina que conmueva su inquietud histórica e informativa. Parece mentira que una temática tan denostada, tenga tantos adeptos dispuestos a hacer verdaderos esfuerzos económicos, para hacerse con un ejemplar de tal o cual torero.
La negación mayoritaria de editoriales convencionales por la publicación de obras taurófilas, hace que muchos escritores recurramos a la auto-edición, donde la distribución mundial es un tema difícil de afrontar sin unos cargos monetarios muy altos. Aun así, ahí están esos devotos aficionados, llenos de entusiasmo por conocer el mítico legado que tiene la tauromaquia, donde convive de manera inverosímil: sol y sombra, patrimonio y cultura, tiempos y existencias, ilusión y utopía, riqueza y ruina, o vida y muerte.
No cabe duda que el libro taurino goza de una salud fuerte, es una fuente de devoción para bibliófilos y coleccionistas, llegando a representar para muchos aficionados una reliquia perseguida y codiciada.
Victor José López, el gran comunicador » El Vito» acaba de publicar el libro » Garfias» esa divisa que soñó reunir los secretos de la bravura en México.
En Ronda, don Antonio Ordóñez contó entre amigos que con » Carnavalero» en Acho de Garfias, el toro que mas a gusto lidió en su vida de torero. Y Paco Camino en Queretaro donde rozó la perfección con un toro de Garfias. Y Eloy Cavazos se encumbró con » Curtidor » y «Mesonero».
El maestro Paco Camino recordó sus experiencias con la divisa de Garfias. Dijo que el ganadero Javier Garfias tenía la ganadería en la cabeza y con la afición que tenía era imposible que saliera algo mal.
Dice el maestro Camino que el toro español no dura tanto y que el toro mexicano tiene mas temple pero es el torero el que debe adaptarse a ese temple. Y recordó aquella famosa frase de que después de 25 pases, hay que cumplir con la suerte suprema y quien quiera ver más que venga mañana verme.
Se hizo mención al hecho de que antes el aviso era un desdoro para el torero y hoy, no.
Se le preguntó al maestro Camino si toreaba becerras o novillos en el campo y con el mismo desparpajo de siempre respondió como un lince : Me da miedo y no lo quiero pasar ni que lo pasen los demás con mi ganado, por ejemplo.
Y dejó deslizar su desapego por las Escuelas Taurinas. A mi eso no me va. Esto ha cambiado pero no tan bueno para la profesión. Nosotros aprendimos a veces a golpes, reseñó.
Ni el toreo de salón ni en los tentaderos me gusta, agregó el maestro Camino. Hace 20 años no me pongo delante de una becerra. No valgo para eso.
El nieto de don Javier GARFIAS expresó emocionado : Hay Garfias para rato.
Seleccionar , decía mi abuelo, cuenta el nieto ,con el tipo, la linea y la tienta. Hay que criar un toro bravo, bien hecho, de lamina, de gran recorrido.
El maestro Eloy Cavazos en este conversatorio para presentar el libro del maestro Vito, dijo que su experiencia con esa ganadería era la de saber escuchar al ganadero cuando se hacían los lotes : Este me gusta, este menos y aquel no me gusta y así se atendían sus sugerencias. Salían toros difíciles, si pero hubo más de lo bueno a los que , expresó, les pude cortar rabos. Entiende el libro de El Vito como un homenaje no solo al ganadero Javier GARFIAS SINO A LA GANADERÍA MEXICANA.
El toro mexicano es ni mas ni menos un toro bravo, expresó José Carlos Arevalo quien contó que el toreo moderno se fundó por Chicuelo en 1925 con una faena del español en tierras mexicanas justamente en la plaza El Toreo de La Condesa.
Fundador de las Ganaderías Garfias, Javier Garfias y los Cués. Es considerado uno de los ganaderos de toros de lidia más importantes de la segunda mitad del siglo XX en México. Fue además Gerente General de Demsa empresa que manejó los destinos de la Plaza México entre 1971 y 1976. En la actualidad la Ganadería de Garfias es manejada por su hijo Pedro Garfias. La ganadería Javier Garfias por su hijo Javier y Los Cues por su hija Angela.
Ganadero
Funda la ganadería en 1948, en San Luis Potosí, con 25 vacas de Santo Domingo, y un semental de Torrecilla. Entre 1953 y 1956 le agregó 82 vacas, ocho sementales de Torrecilla y uno de San Mateo. En 1970, traslada la dehesa al Rancho Los Cués, en el municipio de Huimilpán, Querétaro.
Más de doscientos ganaderos en todo el mundo han fundado, refrescado la sangre o cruzado sus ganaderías con los vientres y sementales de Garfias en México y que han sido exportados a Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, EE. UU. y Centroamérica. Es ya considerado un encaste «Garfias», ya que más del 80% de los toros de lidia en México tienen su sangre. Enlace a reportaje fotográfico en la finca Los Cues.
17 de febrero de l980. Marcos Ortega indultó a «Boca Seca».
1982, Eloy Cavazos le realizó estupendas faenas a «Curtidor» (orejas y Rabo) y «Mesonero» (orejas y Rabo), sí como José Mari Manzanares a «Gazpachero» (Orejas y Rabo).
17 de octubre de 1993, toro de la temporada en México, por Manolo Mejía a «Costurero».
2 de mayo de 1992 indulto por Mariano Ramos a «Tocayo» en Monumental de Aguascalientes.
1997, Heraldo a la mejor corrida de la temporada en la Plaza México
5 de febrero de 2000. Pablo Hermoso de Mendoza a «Preferido» (orejas y rabo) en la Plaza México.
19 de febrero de 2006. Toro «Capeto» lidiado por Luis Ricardo Mediana en la Plaza México. Mejor toro de la temporada 2006. Trofeo a la mejor ganadería 2005-2006.
7 de enero de 2007. Plaza México, Toros Conquistador y Rey Mago fueron toros destacados en la despedida del Pana. Mejor toro y mejor ganadería de temporada 2006-2007.
Un gigantesco esfuerzo de tres periodistas : Víctor Diusabá, Rodrigo Urrego y Diego Caballero es ya una realidad. Está listo para su distribución y compra por los lectores 90 AÑOS DE LA SANTAMARIA. Y una novedad fantástica: El prólogo es del maestro César Rincón que desvela lo que ha sido para él la plaza que lo vio nacer , crecer y poner fin a su carrera como matador de toros, la plaza construida por ese quijote que fue don Ignacio Sanz de Santamaría.
Escribe el maestro sobre el valor sentimental para él de ese coso con una fachada de estilo mudéjar, cuenta como de niño miraba las corridas , cómo entraba a la plaza de la mano de su padre, don Gonzalo a quien le debe ser el ser que es hoy, su presencia como becerrista, novillero y matador de toros, su alternativa con Antoñete, Manzanares ( padre ) y los toros de Vistahermosa.
La obra impecablemente editada es el mejor regalo para refrendar nuestras raíces, la cultura que dimana el toreo, su fuerza motriz, espiritual, su savia profunda que se hunde en el pueblo que ha sostenido esta fiesta.
Mi mayor homenaje a la memoria de Joselito El Gallo, una orgullosa satisfacción que he podido compartir con cuantiosos lectores de muchos países.
Y tiene razón el autor pules es una obra » total » sobre el genio de Gelves a quien un toro le infirió una cornada mortal en Talavera ( de la viuda de Ortega) pero ese día ,16 de mayo de 1920 se elevó a los altares de la tauromaquia a quien era junto a Belmonte y al «nuestro ( mexicano ) Gaona uno de los pillares del toreo.
Gracias maestro José Luis por este aporte al mejor conocimiento de nuestras glorias.
Manuel Granero Valls, natural de Valencia (08.04.1902), era un joven tranquilo y sensible que aprendió a tocar el violín antes que a torear. Alimentó las esperanzas de la afición desde temprano, cuando, en pleno apogeo de Joselito y Belmonte, empezó a circular por los mentideros el runrún de que en el campo bravo de Salamanca se estaban probando tres adolescentes que apuntaban alto: el sevillano Manuel Jiménez “Chicuelo”, el valenciano Manuel Granero y el salmantino José Amorós. A poco se les unía un jerezano, Juan Luis de la Rosa, no menos prometedor. A La Rosa le dio la alternativa Joselito El Gallo en la Monumental de Sevilla casi a la misma hora en que Juan Belmonte hacía matador a “Chicuelo” en la Maestranza (28.09.19). Un año más joven, Granero tomaba allí mismo su doctorado en la sanmiguelada de 1920, de manos de Rafael “El Gallo”. Aun así, fue quien primero se colocó a la vanguardia del toreo, desmembrada por la trágica muerte de Joselito; y muchos se apresuraron a señalarlo como el más indicado para sucederlo al mando de la fiesta. Había en el estilo del valenciano trasuntos del añorado poderío gallista, pero al mismo tiempo representaba un paso adelante en la evolución hacia un toreo más asentado y suave en comparación con el poderío devastador de Gallito.
Ya en su primera temporada de matador, la de 1921, Granero lideró el escalafón con 94 actuaciones, cifra abrumadora para un primerizo.
Entre Sevilla y Madrid. La cuarta corrida del abono madrileño de 1922 reunía en su cartel a Granero, La Rosa y el toledano Marcial Lalanda, que confirmaría su reciente alternativa sevillana (29.09.21): tres toros del Marqués de Albaserrada y tres del Duque de Veragua. Era la de aquel 7 de mayo una tarde radiante, y el paseo de cuadrillas fue saludado con la algarabía que suscitan las corridas capaces de despertar ilusiones. Nada que ver con el clima que imperó en la recién concluida feria sevillana, una de las más tormentosas y deslucidas de que se tenga memoria. Sin la participación de Belmonte el Grande, la cartelería la cubrieron las promesas surgidas en los últimos años, insuficientemente preparados para suplir a los ases de la edad de oro. Uno de ellos, Manuel Varé “Varelito”, fue mortalmente herido en la cuarta de feria por “Bombito” de Guadalest, tan bronco casi como los sevillanos cuya gritería acalló momentáneamente la terrible escena de la cogida. La agonía de Varelito se prolongaría hasta casi un mes. Esa tarde, Granero era uno de los alternantes.
Último día, última faena. Residente en su natal Valencia, Manolo Granero se hospedaba en Madrid en casa de un amigo. La rareza de que recién acabado de almorzar le pidiera a “Finezas”, su mozo de espadas, que lo enfundara en aquel terno negro y oro de riguroso estreno obedeció al compromiso que tenía de acudir al estudio del fotógrafo Kaulak para fotografiarse vestido de torero. Allí permaneció más de una hora, posando y conversando mientras llegaba la hora de partir rumbo al repleto coso de la carretera de Aragón. La gente, molesta con la impune reventa, saludó no obstante con beneplácito el paseo de cuadrillas, pero el ganado, duro y resabiado, se encargó de ir apagando los entusiasmos. La excepción fue el tercero, al que dio Granero lidia completa, desde la suavidad de las verónicas y los adornados quites hasta le certera estocada que derribó al de Albaserrada tras una faena magistral del valenciano, cada vez más dueño de un sitio y un estilo propios. Hubo fuerte petición de oreja y Granero recorrió en triunfo el anillo mostrando su melancólica sonrisa. Sería el único triunfo del día y la última vuelta al ruedo de su vida.
Porque Juan Luis de la Rosa, medroso y dubitativo, fracasó en sus dos toros y fue avisado en el cuarto. Y entre pitos pasó a la enfermería, con un esguince de muñeca que se causó al pinchar. Ya sonaban parches y metales anunciando la salida del quinto de la tarde.
“Pocapena”. Así se llamaba el veragüeño que saltó a la arena en el lugar de honor. Parece ser que perteneció a una corrida que el Duque envió a la feria de Murcia del año anterior, donde fue sorteado y cayó precisamente en el lote de Manuel Granero, que formaba parte del cartel, mas al suspenderse por lluvia el festejo el encierro completo fue embarcado de regreso a la ganadería. Según vox populi, el nombre del toro había sido tomado del personaje central de un juguete cómico que se había puesto de moda y resultó muy del agrado del propio Granero, asistente más de una vez al teatro donde se anunciaba para disfrutarlo en compañía de una linda madrileña.
Sobre la trágica cogida, remito al lector al relato de dos calificados testigos presenciales. Eduardo Palacio Valdez (ABC). “Manuel Granero, que vestía flamante terno negro y oro, salió el domingo con más voluntad que nunca y buscando un éxito que creía necesitar, dado el puesto que ocupaba en la torería y lo que le exigen los públicos. Ocasión propicia para lograr su deseo le prestó su primer toro, al que saludó con unas verónicas muy buenas, tres de las cuales fueron materialmente dibujadas. Se adornó de firme en los quites primero y cuarto y, cambiado el tercio, tomó banderillas, clavando un par de frente bueno, siguiendo con uno a cabeza pasada y cerrando con otro de frente parando más. Fue muy ovacionado. Granero tomó espada y muleta y después de brindar mandó retirar a su gente y se fue al de Albaserrada. Comenzó con un ayudado por alto ceñido y quieto al que siguieron un natural y otro de pecho, sin parar ni ligar; después de salirse del toro volvió a él, y cerca, quieto, erguido, tranquilo, reposado, sereno, prosiguió la faena por naturales y de pecho admirablemente ligados, con suavidad y temple extraordinarios. Cuadró a la res, y arrancando recto y de largo dejó una estocada casi entera, algo delanterilla. Dobló el toro, oyendo Granero una cariñosa ovación y dando la vuelta al ruedo por última vez en su vida.
La cornada. Al lancear Granero a su segundo enemigo no le fue posible lucirse porque el bicho, pegajoso y burriciego, se paraba en seco sin seguir el viaje que el diestro le marcaba. Se limitó a darle unos capotazos para fijarlo, cumpliendo el toro en varas y pasando a la jurisdicción de los rehileteros, que cumplieron brevemente su cometido. “Pocapena” quedó frente al 2 mirando hacia el 3, y allí fue Granero a su encuentro, tanteándolo con en pase ayudado aguantando el diestro cuanto pudo, volviéndose rápidamente el bicho y, prendiendo al espada por la parte posterior del muslo derecho, lo arrojó contra la barrera, quedando la cabeza del diestro bajo el estribo, al lado derecho de la puerta del 3. “Pocapena” dio sobre el bulto una nueva cabezada, entrando el pitón por el ojo derecho del caído y levantándolo un poco del suelo… El cuerpo del diestro se sacudió en un leve estremecimiento y los que estábamos cerca adivinamos la catástrofe… el bicho aún engendró nuevo viaje sobre el herido, lo cual se pudo evitar con el esfuerzo de todos… Eran las seis menos veinte de la tarde.” (ABC, 9 de mayo de 1922).
Don Quijote (José Díaz de Quijano). “A Granero lo cogió el veragüeño “Pocapena” en el primer pase, ayudado por alto por el lado derecho, afuera del tercio, y una vez en el suelo el infortunado diestro, no volvió a levantarlo: lo que hizo fue ir hocicándolo y empujándolo, a rastras, hasta meterlo debajo del estribo: y allí, boca abajo el torero, le tiró la cornada seca que, pasando por debajo del sobaco, le entró por el ojo y le llegó al cerebro.” (La Fiesta Brava, semanario. Barcelona, 12 de junio de 1931) Parte facultativo. “Durante la lidia del quinto toro ha ingresado en esta enfermería el diestro Manuel Granero con una herida por cornada que, penetrando la región orbitaria derecha, fractura el fondo de esta cavidad, y sigue por la fase cerebral media atravesándola en toda su extensión, destrozando la masa encefálica con fractura conminuta de los huesos frontal, etmoides, esferoides, parietal, temporal, maxilar superior y malar, con desgarramiento de las partes blandas del pericráneo desde la órbita derecha hasta la región mastoidea del mismo lado, con salida de masa encefálica y fractura de cráneo… Lesión mortal de necesidad. Además, presenta una lesión contusa de tres centímetros en la cara inferointerna del muslo derecho. El herido falleció a los pocos segundos de ingresar en esta enfermería. Dr. Hinojar.” Suspensión y sepelio. La cornada de Granero produjo tal estupor entre los espectadores que, una vez que Lalanda se deshiciera del astado tras breve trasteo, rematado mediante dos pinchazos y un descabello, muchos de ellos invadieron el albero reclamando la suspensión del espectáculo, a lo que accedió el presidente.
El sepelio de Granero reunió multitudes sólo comparables a las que siguieron el de Joselito por las calles madrileñas menos de dos años atrás; en ambos casos el traslado concluyó en la estación ferroviaria: el féretro donde reposaban los restos de Granero viajaría a Valencia, donde las manifestaciones de duelo, no menos multitudinarias, sobrecogieron a la ciudad.
Leyendas en torno. Sin duda la tauromaquia, en su fase más trágica, se presta a la proliferación de consejas y rumores que las circunstancias de la muerte de Granero multiplicaron en apretado y hasta supersticioso legajo. Adquirieron carta de naturaleza, por ejemplo, las premoniciones de Enrique Belenguer “Blanquet”, gran subalterno de a pie en la mejor tradición valenciana, que olió a cera en el patio de cuadrillas de Talavera la tarde en que “Bailaor” abatió a Joselito, su jefe de filas, y, recolocado con su paisano Granero, se percibió la tarde de aquel 22 de mayo en Madrid el mismo fatídico tufo, según juraran él mismo y compañeros de filas con quienes en ese momento lo comentó. Colocado en la cuadrilla de Ignacio Sánchez Mejías, volvió a percibir olor a cera antes de una corrida de la feria sevillana de San Miguel de 1927, sólo que esta vez el funesto aviso lo alcanzaría a él personalmente; no fue durante la lidia, que transcurrió sin incidentes, sino cuando, finalizada la corrida, Mejías y los suyos abordaban el tren para torear al día siguiente en Ciudad Real, y Blanquet, vestido todavía de torero, se desplomó inesperadamente: un infarto masivo lo había matado.
Violines mortuorios, más cera y cadáver incorrupto. No menos inquietante es la coincidencia en su triste final de dos toreros violinistas, el valenciano Granero y el mexicano Alberto Balderas, ambos muertos por cornada. Por fortuna, un tercer matador de toros con talento y gusto por la ejecución de tan difícil instrumento, el portugués Víctor Mendes, goza de buen retiro y cabal salud.
Por otro lado, la escena de la cornada de “Pocapena” a Manuel Granero el 22 de mayo de 1922 tiene una patética reproducción de bulto en el actual Museo de Cera de Madrid. Y es auténtico el hecho de que, en 1960, al ser exhumados los restos para algunos trabajos en el cementerio de Valencia, se encontró que el cadáver de Granero estaba incorrupto. Se atribuyó entonces al cuidadoso embalsamamiento de que había sido objeto en Madrid a fin de que resistiera sin descomponerse, en pleno mes de mayo, el traslado a su ciudad natal y los días de duelo y homenajes previos al sepelio.
Historia del ojo. Tal es el título de la novela publicada en 1928 por el renombrado filósofo, antropólogo, sociólogo y semiólogo francés Georges Bataille, misma que causó revuelo entre la sociedad de su tiempo debido al subido tono sexual del argumento. El personaje central es una ninfómana adolescente, Marcelle, a la que el autor ubica en una barrera de la plaza de Madrid el día de la cogida y muerte de Granero –de ahí el título de la obra–. Marcelle alcanza el éxtasis erótico jugando con unos testículos de toro adquiridos en el destazadero del coso durante la corrida. Independientemente de la calidad de la novela, la referencia taurina da cuenta de la resonancia universal que tuvo el suceso de la muerte de un torero al que el cuerno de su victimario astado le vació un ojo y, profundizando por el orbital, alcanzó el cerebro con exteriorización de masa encefálica.
Dos libros que enriquecen la literatura taurina aparecerán en mayo.
Los 90 años de La Santamaría que fue tejido con paciencia benedictina por tres colegas que honran la profesión, Víctor Diusabá, Rodrigo Urrego y Diego Caballero. Esta viene enriquecida con historias, anécdotas, relatos que muestran unas tradiciones, unos saberes nacidos del pueblo, imágenes de toreros, ganaderos, aficionados, colegas, hombres de plata, picadores, mozos de espada, peñistas que han nutrido un mundo de sensaciones desde los años treintas cuando un iluminado, don Ignacio Sanz de Santamaría ve coronado su sueño de levantar una plaza de toros en el centro de la vieja Santafé tras fundar la primera ganadería e bravo en Colombia.
Experiencia maravillosa será leer este volumen inapreciable para cualquier bibliófilo o simplemente un lector o lectora desprevenidos que se quieren acercar al mundo del toro y encontrar su riqueza cultural porque el toreo es técnica, sí, pero arte elaborado con filigrana en esos instantes imperecederos en que hombre o una mujer ( Juanita Cruz, Conchita Cintrón, Miriam Moreno, Lilia Ramírez, Maribel Atienzar. Morenita del Quindío, María Alba Valencia ) es capaz de crear un mundo de emociones.
El libro ya está en los talleres y estamos todos encantados con su publicación
MANUEL GRANERO
Ya nos dejó gratamente impresionados a sus lectores el escrupuloso biógrafo José Luis Cantos Torres con ese monumento que es » Joselito». Ahora, con ocasión del centenario de su muerte, el autor nos ha querido llevar por los senderos del torero valenciano » la huella de una vida «.
Mayor pues no solo es el mes florido sino el nacimiento de dos libros maravillosos, uno que tiene su cuna en Bogotá, la tierra que vio nacer al maestro Rincón y el otro en España.
MANUEL GRANERO
Hijo de una familia de la burguesía valenciana acomodada, Manuel Granero aprendió a tocar con destreza el violín. La afición a los toros se le despertó prácticamente de golpe un día de 1914, presenciando una novillada en el coso de la calle de Játiva. Tan grande fue el impulso, que incluso se tiró como espontáneo ese mismo día al ruedo. Más adelante permaneció un tiempo en Salamanca, participando en diversas tientas en las ganaderías del campo charro.
Allí coincidió con los ya novilleros Manuel Jiménez Chicuelo, Juan Luis de la Rosa y Eladio Amorós, entonces más aventajados que él. Durante los años 1918 y 1919 toreó diversas becerradas y novilladas sin picadores (catorce en 1919), antes de debutar con caballos el 4 de abril de 1920 en Barcelona. Desde ese momento, su carrera fue meteórica, basada en su única y arrolladora temporada como novillero. Tanto fue así, que a finales de ese mismo año 1920 tomó la alternativa en Sevilla.
Tras el debut con picadores en Barcelona, repitió en esa plaza, y acudió luego a las de Zaragoza y Santander, cada vez con más cartel entre los aficionados que estaban descubriendo a un torero de una valía excepcional. En Santander, el día 3 de junio de 1920, festividad del Corpus Christi, torearon con Granero en el coso de Cuatro Caminos Bernardo Muñoz Carnicerito y Ángel Pérez Angelillo de Triana.
La escasez de papel retrasó el alumbramiento de uno de los libros de la temporada que es la historia de los 90 años de La Santamaría que tejieron con filigrana y talento tres estimados colegas, Víctor Diusabá, Rodrigo Urrego y Diego Caballero y que verá la luz en mayo cuando comenzará su distribución.
Historias, leyendas, anécdotas, tragedia, verdad, alegrías, ilustradas con un archivo fotográfico esplendido
Este trabajo maravilloso mostrará la riqueza del toreo, su cultura, las tradiciones, las raíces, el enorme aporte al desarrollo urbanístico de la capital colombiana, al surgimiento de una encopetada afición a las más bella de las fiestas, tiene a Bogotá como epicentro y a la plaza De Santamaría como su reina pues nonagenaria ya sigue deslumbrándonos con su bella estructura exterior de estilo mudéjar ( El arte mudéjar es un estilo artístico que se desarrolló en los reinos cristianos de la península ibérica y que incorporaba influencias, elementos o materiales de estilo hispano-musulmán. Fue la consecuencia de las condiciones de convivencia existentes en la España medieval)..
En estos tiempos en que los radicales quieren borrar al toreo, este libro es un aporte al conocimiento profundo de la tauromaquia, en esta ciudad fundada por Gonzalo Jiménez de Quesada, Santafe de Bogotá, es el homenaje a esos hombres y mujeres ( Ignacio Sanz , Rufina rocha , Francisco García, Benjamín Rocha para citar unos pocos que fueron pioneros y nos dieron las luces para recorrer los pasos de este teatro inmenso de la vida y de la muerte que es el toreo y donde solo la verdad es posible, sin trampa ni cartón )
Por su arena han desfilado de Domingo Ortega a César Rincón, de los Dominguines a Pepe Cáceres, de Manolete a Enrique Trujillo , de los Bienvenida a Jorge Herrera, de don Antonio Ordóñez a Germán Urueña; de Camino a «El Puno», de El Viti a Jairo Antonio Castro , del heterodoxo El Cordobés a José Arcila, de Miguel Márquez a David Martínez; de Jaime Ostos a El Cali, de Curro Romero a Juan de Castilla, de Andrés Vázquez a Castrillón, de Bernadó a Ramses, del Empastre a los Valencia… Pero allí , además, se han corrido los toros de Mondoñedo ( la primera ganadería de bravo de Colombia), de Rocha, de Vistahermosa , de Gutiérrez, de Las Ventas, de Santa Bárbara, de Juan Bernardo, de El Paraíso, de Guachicono, de Huagrahuasi , de El Capea….
Libro imprescindible y no solo para el aficionado sino que va a interesar al lector desprevenido que quiera conocer qué pasó desde los años 20″s del siglo pasado hasta recientemente en ese escenario preñado de historia que es el coso de la 26 fundado por un Quijote, Ignacio Sanz de Santamaría.
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