Porque el caballo, el toro y el toreo son lo mío, porque lo llevo en el alma, porque en ello solo hay verdad, porque lo siento y lo añoro en cada despertar, porque es arte puro derramado en el transcurrir de la vida, porque es sensibilidad humana; hoy, en el día de su santo, a mi hija Rafaela le dejo esta transcripción de las palabras bellas de un gran maestro:
Dice Don Fernando Sánchez Drago en “El Toreo y su sombra”: “Sí; los toros son más; sí. ¡No solo lo que queda de España! Los toros son lo único que queda del mundo antiguo, del orbe antiguo, no sé; de la era de los titanes, de los dioses”. Y continua….
“El torero es una figura del héroe, y el héroe ha desaparecido en esta sociedad. Entonces es milagroso, es portentoso que en España haya, a contrapelo, España y en zonas culturalmente limítrofes como Iberoamérica o como el sur de Francia, que, en esta parte del mundo, haya sobrevivido el rito más antiguo de la tierra que viene, nada menos que de la Atlántida”.
“Está contado por Platón en el Critas y el Timeo. Platón era discípulo de Solón, es uno de los sabios de Grecia que había sido iniciado en el templo de Sais en Egipto, y allí le habían contado el secreto de la Atlántida, y él se lo contó a Platón. Los labios de ambos estaban sellados por el secreto iniciático, pero Platón descorrió un poco el telón de este secreto en dos de sus diálogos, el Critas y el Timeo, y ahí nos cuenta una corrida de toros”.
“Nos dice que, en la Atlántida una vez al año los doce reyes de la confederación Atlántida se reunían para algo así como ahora lo llamaríamos el debate sobre el estado de la Nación, para discutir cómo iba la confederación, y entonces para celebrar este acontecimiento, nos dice literalmente Platón: todo el pueblo se congregaba en un anfiteatro circular, presidido por estos doce reyes, y en el centro de este ruedo, un individuo dice Platón, armado con un trapo y un instrumento de hierro daba muerte a un toro. Está contando una corrida, ¿no?”.
“Bueno, este rito antiquísimo que en un momento determinado hilvanó prácticamente toda la humanidad, porque en unas u otras formas ese culto al toro, es culto a lo genesíaco, es culto a la naturaleza. El toro es el animal más fuerte que hay ¿no? Ese poderío que tiene el toro de lidia, bueno todo eso es que hubo un momento en que se le rendía homenaje en todos los lugares de la tierra, y todo aquello fue desapareciendo y ha sobrevivido milagrosamente en la península Ibérica, y en el sur de Francia y en Iberoamérica”.

“Bueno entonces, quiere decir que entonces los toros, si los enfocamos: ¿son un espectáculo? Si. ¿Son deporte? Si. ¿Son cacería? Si. Pero por encima de todo, son un sacramento. Es una misa, una misa mayor. Entonces hay que ir a los toros como se va a la misa mayor. Y te das cuenta de que si lo enfocas desde el punto de vista estético, bueno eso si no hay discusión posible, hasta los anti-taurinos acérrimos se ven obligados a reconocer, a poca sensibilidad que tengan, que como dice Boadella: en una corrida en cinco minutos se producen más obras de arte que las que hay en todo el museo del Prado. Eso no tiene discusión, lo de la estética y lo de la influencia de los toros en la pintura española y en la escultura española”.
“Pero fundamentalmente mi admiración y un poco lo que me lleva a los toros una y otra vez, son motivos éticos. Verdaderamente lo que los cánones del toreo enseñan son los cánones de la vida. En la vida, para vivir la vida como en mi opinión debe ser vivida, hay que saber: parar, templar, mandar, ligar y cargar la suerte. Si haces esas cinco cosas estás viviendo bien. Bueno eso lo hace el toreo, eso son las tablas del Sinaí del toreo e infinitas cosas más.”










